sábado, julio 09, 2011

Casa Bailly

Casa Bailly, monstruosa y señorial
Hotel Bailly, grafiteado y colonial.

Miro desde la Nacional IV tu dualidad. A tu lado creció una gemela. Convivisteis dignamente hasta que os abandonasteis.

Casa hotel Bailly, doble y abismal.


Ahora la naturaleza crece dentro de ti. De tu tejado sale un árbol, de donde antes salía humo. De donde antes colgaban lámparas de araña, arañas habitan tus deshumanizadas estancias.

Casa Bailly, destruída y sobrenatural.

Te alzas sin esfuerzo sobre una colina artificial llena de maleza y deshechos, colchones y sillones tan vetustos como tú. Y te impones, sin inmutarte, sobre los puentes, las rotondas y las carreteras de la nacional.

Hotel Bailly, distante y colosal.

Dos gemelas de largo pelo blanco trenzado y falda negra hasta los pies
Llegaron y habitaron cada una de tus veintiocho alcobas. Levitaban sobre el suelo agrietado, trepaban, desesperadas, tus desconchadas paredes. Empezaron vuestra autodestrucción. Bebían, se drogaban, dormían a dos pies del suelo, al lado de ventanas sin cristales. Prendieron fuego a su alrededor.

Villa Bailly, destruída y dual.

Un rayo cayó en el árbol que anidabas. Un rayo os partió en dos. Desde entonces, hace casi diez años, os miráis de reojo, sin hablaros, no sabéis nada una de la otra, no sabéis, ninguna de las dos.


Casa hotel Bailly, fulminada y fantasmal.

jueves, abril 22, 2010

La Una mira a la Otra

Yo estoy detrás de ellas.

La Una mira de reojo a la Otra. La Otra trata de ocultar lo que escribe, pero la Una consigue datos. Hay un periódico gratuito. Hay un periódico gratuito (lo sabe porque su volumen no es de más de veinte páginas mal contadas) doblado para que solo quede una página al descubierto. Una página en la que pone, con letra mayúscula y rematada: DÍA DE LA MADRE, y, debajo, varios objetos regalables. Pero a la Una, que se le van a salir los globos oculares por la derecha–no quiere desviar el ángulo de la cabeza con respecto al torso-, mientras disimula leer un dossier de papel reciclado, no le interesan los objetos. Le interesa lo que escribe la Otra en los márgenes, encima, debajo o al lado de los objetos, con letra de cuaderno de escritura de los años 50, con un bolígrafo punta fina que suelta más tinta de la que el papel de periódico puede absorber y hace la tarea de la Una más difícil. Pero la Una logra ver que en el margen izquierdo pone: lunes, (....), jueves. En el marco superior escribe: Lunes, Aquilos (quizás Aquiles), Perro. La Otra parece preocupada en lo que escribe y en que nadie lo sepa. Recelosa, dobla ligeramente el periódico hacia la derecha cuando se da cuenta de que la Una le mira. Pero la Una, insistente, busca excusas para mirar a la derecha: busca el nombre de la estación por la que van, se gira al más mínimo ruido, se pone la mano en el cuello (la mano recorre la columna salomónica que es su cuello) como si le doliera por haber dormido en una mala postura toda la noche. La Otra advierte sus triquiñuelas y se empeña en hacer ilegible lo que escribe. Pero la Una, con su máster en criptología aplicada a la grafología popular, descubre dos datos más: Llorera, Fruto. Llorera y Fruto se van repitiendo a lo largo de la página. La Una trata de buscar una concatenación lógica:

Hipótesis 1: La mujer ha tenido hijos. Pero éstos, sus frutos, ya se han ido. No habrá día de la madre. Esto le produce llorera. Pero, al menos, los lunes y los jueves, puede cuidar de su nieto. El resto de los días, puede cuidar de su perro Aquilos (o Aquiles).

Hipótesis 2: La mujer no ha tenido hijos, decidió no tenerlos. Mira melancólica lo que podría ser un día de la madre. Ésto le produce llorera. Los lunes y los jueves le encantan, son sus días de taller literario, son los únicos en los que da frutos. De mientas, su perro Aquilos (o Aquiles), que lo llamó así porque es su personaje literario favorito, le acompaña.

Hipótesis 3: La mujer está creando un collage posmoderno crítico que va a escanear y colgar en su blog en cuanto llegue a casa, explicando en la entrada el interés ajeno que ha provocado su creación en un lugar público.

La Una, desesperada, llega a su parada. La Otra, cuando la Una se baja, ríe a carcajadas.

domingo, marzo 21, 2010

No sea tonta



Cortometraje "No sea tonta", escrito y dirigido por Laura A. Gallego (Con presupuesto cero y amor noventa y nueve)

sábado, marzo 13, 2010

A ver si tenemos suerte


Más allá de las ventanillas la gente,
que parecía muñecos de papel recortados,
seguía con sus vidas de muñecos de papel recortados.

El dios de las pequeñas cosas.
Arundhati Roy.


Leo: Más allá de las ventanillas la gente, que parecía muñecos de papel recortados, seguía con sus vidas de muñecos de papel recortados.

Suben en la parada Santa Coloma, línea roja, línea uno.

−No son ni las nueve, ¿no, tío? –dice el rubio del gorro de lana, que parece sacado de una estridente comedia televisiva inglesa.

−Bueno, tío, no pasa nada, llegamos allí a las nueve, con la calma, y ya está–responde el otro, recién salido de los ochenta, con la parte anterior del pelo en punta y en la nuca, pegadas unas grandes greñas. Las gafas de cristal amarillento y la montura dorada le descolocan en el espacio-tiempo. Encajaría más en un Renault 11 azul dándose a la fuga. Hay un tercero en discordia que no logro ver y apenas dice nada, solo agita sus piernas compulsivamente, dando pequeños pasos adelante y atrás, al son de una música de verano que no suena.

Trato de leer: Más allá de las ventanillas la gente, que parecía muñecos de papel recortados, seguía con sus vidas de muñecos de papel recortados.

−Oye, ni se te ocurra irte de la boca o nos cortan el paladar, sabes lo que te quiero decir, ¿no?- dice el del gorro.

− ¡Pero qué dices, bocas, si te oí que se lo decías al otro también! – espeta el quinqui ochentero.

Ambos ríen compulsivamente con su broma interna y dejan caer al suelo plastificado del metro las amenazas.

Intento leer: Más allá de las ventanillas la gente, que parecía muñecos de papel recortados, seguía con sus vidas de muñecos de papel recortados.

Estamos sentados de cuatro en cuatro. Cuatro en fila, un espacio de apenas dos metros, y cuatro más. Los veo delante de mí: parecen muñecos de cartón piedra recortados y pegados uno al lado del otro, ni se inmutan, ni se zarandean, ni oyen conversaciones ajenas, ni abren los ojos. Y si los abren, parecen haber resulto al encrucijada de mirar realmente al infinito. Cuatro rostros sin expresión ni ocupación. Trato de buscar una analogía mientras no despego el oído del trío Calatrava. Encuentro una: las figuras de madera ligera que se utilizan para simular una barrera de jugadores en un entreno de fútbol, delante de los cuales, el especialista del Equipo en lanzar faltas al borde del área, se tira buena parte del entrenamiento tratándolos de sobrepasar. La gente, que parece muñecos de barrera de falta al borde del área, sigue con sus vidas de muñecos de barrera de falta al borde del área.

−Espero que no me salga la chiquitaja esa, que el otro día solo me dio la mitad, la hija de puta, tiene más mala folla −relata el anglosantacolomense.

−A mí el otro día me salió la gorda borde de milagro, tío. A ver quién sale hoy, a ver si tenemos suerte −contesta el melenas.

El tercero sigue su meneo. Un pasito pa’lante, uno pa’lao. Los otros dos siguen su movimiento, estiran las piernas, como calentándoselas antes de lanzar una falta en el último minuto. Hablan a gritos pero nadie parece advertirlos. Trato de buscar la mirada cómplice de los sujetos de cartón formando barrera: ninguna. Demasiado ocupadas en el infinito.


−No son ni las nueve, tío. ¿crees que nos abrirán? – pregunta, inquieto, el actor de comedia descocada anglosajona –Nos presentamos allí y…

−…Y si no le echamos la puerta abajo –responde, desesperado, el trasunto de quinqui de extrarradio, viviendo su vida con treinta años de desfase.

Trato de mirar, en la ventanilla de delante, qué es lo que parece el otro cuarteto de cartón-carne, al cual pertenezco y soy un miembro ilustre, pero un anuncio de www.segundamano.es se encarama como una lapa al cristal y me lo impide.

−¿Tú cuánto llevas, tío? – pregunta el actor descarriado en paro.

−Pues nueve −oímos las primeras palabras del meneítos.

−Es que esta gente son unos mierdas, ¿sabes? No quieren calderilla. Solo quieren billetes, los hijos de puta. Pero vamos allí, con la calma, nueve, pum, nueve. A ver si tenemos suerte –maldice el rubito.

−Eh, ¡que esta es nuestra parada!– Lee el vaquilla emblanquecido en el cartel rojo a lo largo del andén, con letras blancas: Trinitat Vella.

Y bajan del vagón, los tres, de un salto. Me giro y los veo subir los escalones de tres en tres. Con la calma.

La gente, que parece muñecos de barrera de falta al borde del área, sigue con sus vidas de muñecos de barrera de falta al borde del área.

A ver si tienen suerte.



N. del A: Un año menos dos días después, vuelvo. ¿Hay alguien ahí?

domingo, marzo 15, 2009

Mi hermano se ha ido de casa

Pero hasta que deje de percibir los restos del olor de su gel mezclado con el mío, en su jabonera, cuando me lavo las manos, no se habrá ido.

miércoles, marzo 11, 2009

The sound of silence

The Sound of silence violado por un acordeonista tratando de mantener el equilibrio. Una rumana embarazada entra en el vagón, permanece en silencio. Se sujeta a una barra: es una pasajera más. Varios la miran, nadie le cede el asiento (yo tampoco).

jueves, marzo 05, 2009

Futuro anterior

Justo hoy que había dejado de esperarte, apareces.

Aunque la verdad es que ni una cosa ni la otra.

viernes, enero 16, 2009

El enorme receptor de radio

Queridos puntillosos:

Os presento mi primer cortometraje como directora. Se trata de una adaptación del cuento "El enorme receptor de radio" (The enormous radio) de John Cheever.



Espero que os guste.

martes, noviembre 25, 2008

Somiant desperta

Encontré este texto en un dossier de Catalán de 6º de primaria. Está datado el 1 de abril de 1998. Podría ser mi opera prima en cuestión de narración en primera persona. Me hizo una ilusión terrible encontrarlo. El original está en catalán, abajo la traducción.


Tombada a la platja, sobre una tovallola, moltes coses se m'han passat pel cap: somnis, imatges.

De cop i volta he obert els ulls i he vist tot un cel blau plé d'ocells que volen.

M'he imaginat que jo era un d'ells, i des d'allà dalt, tota una platja plena de nens jugant i banyant-se.

He seguit volant i tot era mar. De tant en tant veia un vaixell que s'enfonsava: "adéu, vaixell".

Desprès m'he adonat que estava tombada a la platja, sobre una tovallola i somiant desperta. Quina pena! m'agradaria ser un d'ells, però mai ho aconseguiré.


--

Tumbada en la playa, sobre una toalla, muchas cosas se me han pasado por la cabeza: sueños, imágenes.

De repente he abierto los ojos y he visto un cielo azul lleno de pájaros que vuelan.
Me he imaginado que yo era uno de ellos, y desde allí arriba, toda una playa llena de niños jugando.

He seguido volando y todo era mar. De tanto en tanto veía un barco que se hundía: adiós, barco.

Después me he dado cuenta de que estaba tumbada en la playa, sobre una toalla, soñando despierta. Qué pena. Me gustaría ser uno de ellos, pero nunca lo conseguiré.

sábado, octubre 18, 2008

Le charme discret de l'écriture

Littérature: charmante, discrète, silencieuse. Toi, qui me détournes en discrète obsédée. En silence, tu apparais dans mes rêves : c’est une route asphaltée qui traverse, perdue, le néant. Moi pareil. Tombes du ciel, toi, blanche et purifiante : défiante. Mais je t’écrase, je cloue mes talons en laissant ma tache, ma trace, sur toi. Ma tache de lettres, ma marque de mots, ma trace de vie. Obsession charmante et discrète. Détournée.

sábado, septiembre 27, 2008

Señales de vida, señales de muerte


- Cuando aterrice -le digo- te doy señales de vida. O quizás –añado- alguien te dará, de mi parte, señales de muerte. Quizás muy pronto, algún locutor de la radio cuando aún vayas por la Ronda de Dalt. Te enterarás por otros, por terceros (obvio) de que no he llegado a tierra. Me habré quedado colgada de una nube (será de noche y no lo verás) entonces simularé ser un fuego artificial, un cohete, una petarda, que fingirá haber explotado al lado del motor de un avión. Estate atenta, ésa será mi señal, encima del mar, colgando de una nube, señal luminosa y acústica, señal de muerte. Pero no te preocupes.

Las escaleras hacen una ola, yo me ondulo. Las vallas dibujan un zigzag, yo lo trazo. Sigo, involucrada, el camino perfecto y seguro. El camino del aire.

Como una ensalada de pasta, es muy triste comer eso siendo probable posible hipotética o seguramente mi última cena, sin apóstoles siquiera, sola, mirando un letrero luminoso. Podría, al menos, haber pedido un bocadillo de jamón ibérico.

Las ruedas de mi maleta tienen ganas de bailar y se marcan unos pasos y unas pirués en la pasarela que lleva al avión. Me hace gracia. Voltea y se contonea, ella, tan rosa nacarada. Yo también quiero sacudir mi cuerpo a ritmo del último de Extremoduro, pero me viene a la mente Oceans Blue de Enya, con olor y sintonía de presagio de muerte. Dulce introducción a presagios de muerte. Atenúan las luces por nuestra seguridad, mientras vemos de cerca las demás luces de la pista de despegue. Meneo mi cuerpo con la música impersonal y pretenciosamente relajante que suena en este airbus320. Dulce danza de la muerte. Barcelona en letras mayúsculas y amarillas. Lento desplazamiento en pista.

Autobús del aire.

Avenida de la luz. Avenida de la muerte.

lunes, agosto 04, 2008

Bittersweet: mi casa tenebrosa


Quiero vivir en esa casa, justo en ésa, Monsterhouse al estilo burtoniano galego. Tétrica y tenebrosa, bajo un cielo gris perenne, descargador de truenos y lluvias, y algún rayo en el jardín que parta por la mitad mi árbol centenario y lo condene a una vida eterna calcinada.

Quiero vestir de negro con el pelo más negro aún, y cardado, y que mi piel morena se torne blanquecina rozando la transparencia (que se puedan ver todas las venas, azules) y que lo oscuro de las ojeras resulte tan prominente que sea el rasgo más llamativo de mi rostro. Quiero que a él le pase y vaya y sea lo mismo. Y que nos desplacemos sin andar, levitando a apenas cinco centímetros del suelo. Que nos deslicemos.

Quiero vivir en esa casa impenetrable, y que la miren allá en lo alto desde la carretera, y que al verla sientan lo que yo siento cada vez que paso por delante de ella, fugaz y amante: un escalofrío caluroso al ver tu hogar. Bittersweet. Así la llamaré. Así se siente ella. Así nos sentimos las dos.



jueves, julio 24, 2008

zapatos mojados

Podría empezar diciendo que

Le dije:
- Me voy.

Me contestó:
- ¿Te vas? ¿Y me dejas solo, aquí?

Respondí:
- Yo también me voy sola.

Y podría acabar diciendo que

me di cuenta de que mis zapatos, que llevaban mojados, en su puerta, casi veinticuatro horas, aún no estaban secos. Así que no pude irme. Los puse a vista del sol incipiente en la ventan de su cocina. Al lado de la montaña de pinzas de madera, visionando las otras, de ropa aún por tender.

lunes, julio 14, 2008

Sin tetas no hay paraíso

Cómprame unos pañuelitos, anda, que no es por pedir, que es para ponerme tetas, es que soy transexual, ¿sabes? tú me entenderás, que tú eres mujer. Apunta mi número, va, 678, ¿no? ¿Vendrás al día del orgullo gay? es el 28 de junio, que yo no voy por ahí metiendo mano en las carteras como hacen las rumanas esas, que yo vendo klínexs porque quiero ponerme tetas por qué andan poniendo todo el día mariquitas en tele 5 si luego pasáis? sólo estáis pa reírle las gracias a ese de Aída que na más que dice chocherías, apúntate mi número, anda, venga 678, vendrás al día del orgullo gay, no?el 28, va que tu me entiendes, que tú también eres mujer, yo también, pero sin tetas.


Se levanta y se baja en la parada siguiente, posiblemente Urquinaona.

viernes, mayo 30, 2008

final...

sólo puedo decir que ha sido un final dramágico

lunes, marzo 03, 2008

Tánatos

No pasa nada si quiero morir. Es un sentimiento pasajero, momentáneo. Sé que durará apenas unas horas, pero siento profunda y asediosamente el deseo de morir, de cerrar los ojos una vez más durante muchas, muchas horas. Digamos que me duelen hasta las pestañas, sin hiperbolizar, y que los ojos me escuecen como si me hubieran arrojado malvadamente cualquier líquido tóxico y corrosivo. La desazón es insoportable, estoy mareada y tengo ganas de vomitar, siento toneladas presionando mis hombros y la coleta me pesa demasiado y finalmente permito a mi pelo arrojarse al abismo (existencial) de mi espalda (aunque digan que Sartre ya no está de moda y, aunque me empeñe, no soy su hija y tampoco de Simone y aunque crea que “L’enfer c’est les Autres”[1] y que en mi caso “L’enfer c’est moi”[2].), Pero la coleta me pesa demasiado y finalmente permito a mi pelo arrojarse al abismo de mi espalda y el cuello alto del jersey y del abrigo (inevitablemente rojo) tratan de estrangularme segundo a segundo.

Todo sería más fácil si en este momento estuviera muerta, pero no me preocupa, es un sentimiento transitorio (pero es tan fuerte y tan real). Y me vienen a la mente sueños inexorablemente soñados, el dolor de boca al haber insistido en apretar la mandíbula durante toda la noche para que no se escape, al despistarme, el pequeño ser demoníaco que hay dentro de mí que se dedica a fabricar por las noches historias como una en que una cremallera estrecha y débil se rompe y me deja suspendida de un mínimo puente de caña sobre las montañas nevadas, como una en que me hace conducir por un pequeño pueblo esquivando dálmatas suicidas o que me hace ser atacada sexual y consentidamente por un hombre que deseo en medio de la plaza Verdun Préfecture y que me hace darme cuenta al despertar que ése no existe más a mi lado, que puede que esté en otro país, que puede que no me mire cuando canta, que puede que no se siente conmigo en un sofá lleno e instrumentos y me mire a los ojos como si nos conociéramos de toda la vida y que puede que ni siquiera exista.

Pero siento profundamente el deseo de morir (y aunque más débil pero igualmente existente, el deseo de matar) porque es el impulso tanático que dura unas pocas horas pero que existe. Y en este momento me cortaría las venas con el cutter que llevo en el estuche y que no sé por qué está ahí, pero sería una pena porque nadie aquí podría relatar bien mi muerte porque en francés no existe el verbo “desangrarse”, se conforman con decir “saigner abondamment”[3] o “perdre tout son sang”, y no es lo mismo, monsieur, y tampoco inalcanzable, dicen “inaccesible”, et ce n’est pas pareil, monsieur. Me cago en Rimbaud, Baudelaire y en quien haga falta, savez-vous[4]?

Entonces susurro a quienquiera que haya a mi lado: je crois que je vais mourir[5]. Y éste quienquiera me mira con una débil sonrisa miedosa dibujada en su boca pensando que lo digo en broma. Oui, monsieur quiconque, c’est just pour rigoler, mais c’est vrai, je crois que je vais mourir[6]. Entonces quiconque desvía la mirada hacia otro lado mientras la mía sigue clavada en el cutter y en que no puedo morir desangrada porque el verbo no existe en este país. Entonces simplemente moriría, así que desisto por el momento porque si muero al menos quiero que sea una muerte trágica y poética digna de ser narrada.

Y espero ansiosamente a que estas horas pasen, pero solo han pasado dos malditas horas y necesito, al menos, cinco hasta que definitivamente las cuatro escasas que he dormido dejen de torturarme y empezar a creer que es maravillosa la primavera incipiente y que es milagroso que crezcan las flores mientras sigo viendo, al fondo, las montañas nevadas. Al menos cinco horas hasta que deje de pensar que todo el mundo es necio y despreciable, para que deje de ladrar cada vez que tengo que contestar algo. Al menos cinco hasta que comience a pensar que es estupendo pasear en bicicleta (de los años sesenta, de color turquesa y óxido) con el sol aún algo helado posándose en tu cara y que me sonrían los chicos al pasar y que lea idílicamente algo de Marguerite Duras tumbada en el cristalino césped. Entonces, cuando estoy a punto de vomitar el café encima de las fotocopias del subjuntivo va y espeta el monsieur: “la negation d’un sentiment c’est encore un sentiment”[7] y pienso en que quizás la negación del deseo de vivir es todavía un deseo y que deseo irme de clase y seguir viviendo. Entonces descubro que ni incipiente primavera ni hostias, que hoy no hace sol y no se ven las montañas nevadas al fondo porque una densa neblina las cubre y me cubre. Y me parece mucho más acertado, pues hoy un sol hubiera sido burlesco y abrumador y le hubiera rogado que me dejara en paz, al menos, hasta abril. A la sazón, le digo a una compañera que también ha salido de clase y me había preguntado si “ça va?” que non, que ça ne va pas, que aujourd’hui je n’existe plus et que je vais partir de ce monde subjonctif car je ne le peux pas supporter et que à bientôt, on se voit demain ou dans trois heures quand cette brouillard ou ce lundi matin aient disparus[8].



[1] “el infierno son los Otros”.

[2] “el infierno soy yo”

[3] “sangrar abundantemente” o “perder toda la sangre”.

[4] ¿sabe usted?

[5] Creo que voy a morir.

[6] Pero es verdad, señor quienquiera, es solo una broma, pero es verdad, creo que voy a morir.

[7] “La negación de un sentimiento es todavía un sentimiento”

[8] “Como va?” que No va, gracias, que hoy no existo y que yo creo que voy a irme de este mundo subjuntivo porque no lo puedo soportar y que hasta pronto, que nos vemos mañana o de dentro de tres horas, cuando la niebla y el lunes por la mañana hayan desaparecido.

N.del A: Messieurs Dames, he vuelto.

lunes, diciembre 03, 2007

Regalo nunca regalado

Hace cinco años que está allí.
Hace cinco años que está guardado en el cuartillo de un parking de la calle Aragó.
Y ya no huele a nada.
Y ya no tienen sentido.
Ese perfume no huele a nada, y aunque no sepa qué dicen esas letras, no tienen sentido. Esas letras grabadas en oro blanco.

Letras que no huelen a nada.
Olor sin sentido.

Hace cinco años que me lo debería haber regalado. Hoy acabo de descubrir lo que es. Siempre me había imaginado un anillo y un oso de peluche. Pero es un colgante grabado, un mensaje grabado y un perfume.

Mensaje y olor caduco. Mensaje y olor caducado.
Regalo nunca regalado.
Regalo olvidado en el cuartillo de una plaza de parking que ahora tiene otro dueño.
Grabado de amor perdido.

Él se acuerda de lo que reza el grabado pero no me lo dice, no me lo quiere decir, como lleva cinco años no queriéndome revelar cuál era el regalo olvidado.

En el fondo siempre creí que nunca existió. Pero ahora es mío. Huelo ese perfume y leo ese grabado. Los puedo imaginar.

Regalo regalado.
Regalo rescatado.
Regalo recuperado del olvido.

lunes, octubre 22, 2007

en regardant au sol

Parfois, quand une marche par la nuit en regardant au sol, on trouve des choses comme cela…

Qui est-ce qui l'aura écrit ? Quand ? Qui est Laure ?

Parfois...


martes, octubre 09, 2007

...pero leix

Leix, termino acunyado por mon amie Marina. Leix: adv. del cultumarquinal lexius-legis.. Lejos fisicamente, pero cerca en el corazon.

pues estoy leix de mi blog por un cumulo de circunstancias, como ocurrirsele a una la idea de irse a estudiar al extranjero, a Francia exactamente. Estoy aun con el problema de la incomunicacion, ya sea face to face como por internet, ya os contaré, si seguis ahi.
de momento todo bien, en este pais la presion del grifo del agua caliente es superior a la del agua fria, no te dan bolsas en los supermercados, cuando te van a dar dos besos empiezan por la mejilla izquierda ( imaginense la torpeza y los malentendidos espaciotemporales), en los teclados solo es posible acentuar la letra "é/è", la "à" y la "ù" y otras cosas por el estilo.

Nos escribimos pronto. Hasta entonces.

miércoles, agosto 01, 2007

La niña de la cera

Llegué a la cuarta planta cuando aún me estaba mirando en el espejo mientras olía ligeramente a orín, lana y calefacción. Al darme cuenta de que el ascensor había alcanzado la sala de estar, me giré y lo vi allí sentado en el sofá, con una manta sobre las piernas, tapándose los ojos con las manos (por todos es sabido que “las cataratas no quieren luz”) e intentado dormir algo más, dado que quince horas de sueño suelen ser insuficientes. Después de algunos segundos mirándome, supo decir “la Laurita”, tras la incesante pregunta de mi madre: “¿esta quién es? a ver”. Fue entonces cuando, mientras intentábamos convencerle de que cumplía ochenta y siete años y no cincuenta y siete como él aseguraba, una voz de mujer algo temblorosa preguntó:

- ¿Tú eres la niña de la cera?

Me giré rápidamente. Ella estaba sentada en una mecedora, tenía el pelo completamente blanco y rizado.

- ¿Tú eres la niña de la cera? – insistió-.

- Eh… lo siento, señora. Creo que no, creo que se equivoca.

- ¡Pero cómo va a ser la niña de la cera, Pilar! Pero si esa se murió hace lo menos diez años! Si la niña de la cera era más o menos de tu edad. Cómo va a ser la niña de la cera, anda anda, que tienes cada cosa. – replicó una señora de mediana edad que estaba sentada en la mecedora de al lado, imagino que se trataba de algún familiar- Perdónala, eh, que no sabe lo que dice.

- Pero si es la niña de la cera, ¿no la ves? Es igualita. Aquella de la calle de ahí abajo, ¿Tú no vives en esa calle de ahí abajo, chiquita?

- No, no, señora, vivo en la otra calle, un poco más parriba.

- Ah... pues no será, pero yo diría que sí.

Entonces me imaginé siendo la niña de la cera. Viviendo en la calle de ahí abajo. Seguramente llevaba un mandil negro, una falda de vuelo y de flores, el pelo muy largo y muy negro y barría la acera con empeño saludando a mis vecinas, quizás canturreaba alguna canción. Algunas de ellas me preguntarían que si había sacado ya la cera de mi panel de abejas, aquel que tengo en la casa de mi tía en Sant Jeroni de la Murtra, y si había fabricado las velas, las figuritas, los ungüentos, entonces les diría que sí, pueden pasar a verlas, que tengo todo muy bien de precio, que estoy barriendo la acera porque está toda pringosa de lo que cae de los árboles, pero que en un momentito ya lo tengo todo preparado. Pero que se dieran prisa, señoras, por favor, que Jesús venía a buscarme a las cinco para dar un paseo por la Plaza del Generalísimo y que íbamos a comer unos churros y con un poco de suerte nos daba tiempo a ver una película de esas de amor en el cine Savoy antes del toque de queda de mi padre, que ya sabéis como es, y no le gusta nada Jesús porque dice que es un revolucionario, así que a mandar. Id entrando si queréis, que me queda bien poquito. Juana, esas velitas azules te gustarán, y a ti, Dolores, que tú si que pareces una figurita de cera, a ver si te pones al sol un ratico, condená, te tengo preparadita un ungüento que te irá de fábula para tus males.

Y entonces soplaría el viento y haría volar un poco la falda, y un poco el pelo, y un poco todo el montoncito de porquería que había barrido, y se lo llevaría todo, me iría rechistando hacia adentro, con mi cera y mis vecinas, y maldiciendo el viento. El maldito viento.