domingo, marzo 15, 2009
Mi hermano se ha ido de casa
miércoles, marzo 11, 2009
The sound of silence
jueves, marzo 05, 2009
Futuro anterior
Aunque la verdad es que ni una cosa ni la otra.
viernes, enero 16, 2009
El enorme receptor de radio
Os presento mi primer cortometraje como directora. Se trata de una adaptación del cuento "El enorme receptor de radio" (The enormous radio) de John Cheever.
Espero que os guste.
martes, noviembre 25, 2008
Somiant desperta
Tombada a la platja, sobre una tovallola, moltes coses se m'han passat pel cap: somnis, imatges.
De cop i volta he obert els ulls i he vist tot un cel blau plé d'ocells que volen.
M'he imaginat que jo era un d'ells, i des d'allà dalt, tota una platja plena de nens jugant i banyant-se.
He seguit volant i tot era mar. De tant en tant veia un vaixell que s'enfonsava: "adéu, vaixell".
Desprès m'he adonat que estava tombada a la platja, sobre una tovallola i somiant desperta. Quina pena! m'agradaria ser un d'ells, però mai ho aconseguiré.
--
Tumbada en la playa, sobre una toalla, muchas cosas se me han pasado por la cabeza: sueños, imágenes.
De repente he abierto los ojos y he visto un cielo azul lleno de pájaros que vuelan.
Me he imaginado que yo era uno de ellos, y desde allí arriba, toda una playa llena de niños jugando.
He seguido volando y todo era mar. De tanto en tanto veía un barco que se hundía: adiós, barco.
Después me he dado cuenta de que estaba tumbada en la playa, sobre una toalla, soñando despierta. Qué pena. Me gustaría ser uno de ellos, pero nunca lo conseguiré.
sábado, octubre 18, 2008
Le charme discret de l'écriture
sábado, septiembre 27, 2008
Señales de vida, señales de muerte
Las escaleras hacen una ola, yo me ondulo. Las vallas dibujan un zigzag, yo lo trazo. Sigo, involucrada, el camino perfecto y seguro. El camino del aire.
Como una ensalada de pasta, es muy triste comer eso siendo probable posible hipotética o seguramente mi última cena, sin apóstoles siquiera, sola, mirando un letrero luminoso. Podría, al menos, haber pedido un bocadillo de jamón ibérico.
Las ruedas de mi maleta tienen ganas de bailar y se marcan unos pasos y unas pirués en la pasarela que lleva al avión. Me hace gracia. Voltea y se contonea, ella, tan rosa nacarada. Yo también quiero sacudir mi cuerpo a ritmo del último de Extremoduro, pero me viene a la mente Oceans Blue de Enya, con olor y sintonía de presagio de muerte. Dulce introducción a presagios de muerte. Atenúan las luces por nuestra seguridad, mientras vemos de cerca las demás luces de la pista de despegue. Meneo mi cuerpo con la música impersonal y pretenciosamente relajante que suena en este airbus320. Dulce danza de la muerte. Barcelona en letras mayúsculas y amarillas. Lento desplazamiento en pista.
Autobús del aire.
Avenida de la luz. Avenida de la muerte.
lunes, agosto 04, 2008
Bittersweet: mi casa tenebrosa
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Quiero vivir en esa casa, justo en ésa, Monsterhouse al estilo burtoniano galego. Tétrica y tenebrosa, bajo un cielo gris perenne, descargador de truenos y lluvias, y algún rayo en el jardín que parta por la mitad mi árbol centenario y lo condene a una vida eterna calcinada.
Quiero vestir de negro con el pelo más negro aún, y cardado, y que mi piel morena se torne blanquecina rozando la transparencia (que se puedan ver todas las venas, azules) y que lo oscuro de las ojeras resulte tan prominente que sea el rasgo más llamativo de mi rostro. Quiero que a él le pase y vaya y sea lo mismo. Y que nos desplacemos sin andar, levitando a apenas cinco centímetros del suelo. Que nos deslicemos.
Quiero vivir en esa casa impenetrable, y que la miren allá en lo alto desde la carretera, y que al verla sientan lo que yo siento cada vez que paso por delante de ella, fugaz y amante: un escalofrío caluroso al ver tu hogar. Bittersweet. Así la llamaré. Así se siente ella. Así nos sentimos las dos.
jueves, julio 24, 2008
zapatos mojados
Podría empezar diciendo que
Le dije:
- Me voy.
Me contestó:
- ¿Te vas? ¿Y me dejas solo, aquí?
Respondí:
- Yo también me voy sola.
Y podría acabar diciendo que
me di cuenta de que mis zapatos, que llevaban mojados, en su puerta, casi veinticuatro horas, aún no estaban secos. Así que no pude irme. Los puse a vista del sol incipiente en la ventan de su cocina. Al lado de la montaña de pinzas de madera, visionando las otras, de ropa aún por tender.
lunes, julio 14, 2008
Sin tetas no hay paraíso
Cómprame unos pañuelitos, anda, que no es por pedir, que es para ponerme tetas, es que soy transexual, ¿sabes? tú me entenderás, que tú eres mujer. Apunta mi número, va, 678, ¿no? ¿Vendrás al día del orgullo gay? es el 28 de junio, que yo no voy por ahí metiendo mano en las carteras como hacen las rumanas esas, que yo vendo klínexs porque quiero ponerme tetas por qué andan poniendo todo el día mariquitas en tele 5 si luego pasáis? sólo estáis pa reírle las gracias a ese de Aída que na más que dice chocherías, apúntate mi número, anda, venga 678, vendrás al día del orgullo gay, no?el 28, va que tu me entiendes, que tú también eres mujer, yo también, pero sin tetas.
Se levanta y se baja en la parada siguiente, posiblemente Urquinaona.
viernes, mayo 30, 2008
lunes, marzo 03, 2008
Tánatos
No pasa nada si quiero morir. Es un sentimiento pasajero, momentáneo. Sé que durará apenas unas horas, pero siento profunda y asediosamente el deseo de morir, de cerrar los ojos una vez más durante muchas, muchas horas. Digamos que me duelen hasta las pestañas, sin hiperbolizar, y que los ojos me escuecen como si me hubieran arrojado malvadamente cualquier líquido tóxico y corrosivo. La desazón es insoportable, estoy mareada y tengo ganas de vomitar, siento toneladas presionando mis hombros y la coleta me pesa demasiado y finalmente permito a mi pelo arrojarse al abismo (existencial) de mi espalda (aunque digan que Sartre ya no está de moda y, aunque me empeñe, no soy su hija y tampoco de Simone y aunque crea que “L’enfer c’est les Autres”[1] y que en mi caso “L’enfer c’est moi”[2].), Pero la coleta me pesa demasiado y finalmente permito a mi pelo arrojarse al abismo de mi espalda y el cuello alto del jersey y del abrigo (inevitablemente rojo) tratan de estrangularme segundo a segundo.
Todo sería más fácil si en este momento estuviera muerta, pero no me preocupa, es un sentimiento transitorio (pero es tan fuerte y tan real). Y me vienen a la mente sueños inexorablemente soñados, el dolor de boca al haber insistido en apretar la mandíbula durante toda la noche para que no se escape, al despistarme, el pequeño ser demoníaco que hay dentro de mí que se dedica a fabricar por las noches historias como una en que una cremallera estrecha y débil se rompe y me deja suspendida de un mínimo puente de caña sobre las montañas nevadas, como una en que me hace conducir por un pequeño pueblo esquivando dálmatas suicidas o que me hace ser atacada sexual y consentidamente por un hombre que deseo en medio de la plaza Verdun Préfecture y que me hace darme cuenta al despertar que ése no existe más a mi lado, que puede que esté en otro país, que puede que no me mire cuando canta, que puede que no se siente conmigo en un sofá lleno e instrumentos y me mire a los ojos como si nos conociéramos de toda la vida y que puede que ni siquiera exista.
[1] “el infierno son los Otros”.
[2] “el infierno soy yo”
[3] “sangrar abundantemente” o “perder toda la sangre”.
[4] ¿sabe usted?
[5] Creo que voy a morir.
[6] Pero es verdad, señor quienquiera, es solo una broma, pero es verdad, creo que voy a morir.
[7] “La negación de un sentimiento es todavía un sentimiento”
[8] “Como va?” que No va, gracias, que hoy no existo y que yo creo que voy a irme de este mundo subjuntivo porque no lo puedo soportar y que hasta pronto, que nos vemos mañana o de dentro de tres horas, cuando la niebla y el lunes por la mañana hayan desaparecido.
N.del A: Messieurs Dames, he vuelto.
lunes, diciembre 03, 2007
Regalo nunca regalado
Hace cinco años que está allí.
Hace cinco años que está guardado en el cuartillo de un parking de la calle Aragó.
Y ya no huele a nada.
Y ya no tienen sentido.
Ese perfume no huele a nada, y aunque no sepa qué dicen esas letras, no tienen sentido. Esas letras grabadas en oro blanco.
Letras que no huelen a nada.
Olor sin sentido.
Hace cinco años que me lo debería haber regalado. Hoy acabo de descubrir lo que es. Siempre me había imaginado un anillo y un oso de peluche. Pero es un colgante grabado, un mensaje grabado y un perfume.
Mensaje y olor caduco. Mensaje y olor caducado.
Regalo nunca regalado.
Regalo olvidado en el cuartillo de una plaza de parking que ahora tiene otro dueño.
Grabado de amor perdido.
Él se acuerda de lo que reza el grabado pero no me lo dice, no me lo quiere decir, como lleva cinco años no queriéndome revelar cuál era el regalo olvidado.
En el fondo siempre creí que nunca existió. Pero ahora es mío. Huelo ese perfume y leo ese grabado. Los puedo imaginar.
Regalo regalado.
Regalo rescatado.
Regalo recuperado del olvido.
lunes, octubre 22, 2007
en regardant au sol
martes, octubre 09, 2007
...pero leix
pues estoy leix de mi blog por un cumulo de circunstancias, como ocurrirsele a una la idea de irse a estudiar al extranjero, a Francia exactamente. Estoy aun con el problema de la incomunicacion, ya sea face to face como por internet, ya os contaré, si seguis ahi.
de momento todo bien, en este pais la presion del grifo del agua caliente es superior a la del agua fria, no te dan bolsas en los supermercados, cuando te van a dar dos besos empiezan por la mejilla izquierda ( imaginense la torpeza y los malentendidos espaciotemporales), en los teclados solo es posible acentuar la letra "é/è", la "à" y la "ù" y otras cosas por el estilo.
Nos escribimos pronto. Hasta entonces.
miércoles, agosto 01, 2007
La niña de la cera
- ¿Tú eres la niña de la cera?
Me giré rápidamente. Ella estaba sentada en una mecedora, tenía el pelo completamente blanco y rizado.
- ¿Tú eres la niña de la cera? – insistió-.
- Eh… lo siento, señora. Creo que no, creo que se equivoca.
- ¡Pero cómo va a ser la niña de la cera, Pilar! Pero si esa se murió hace lo menos diez años! Si la niña de la cera era más o menos de tu edad. Cómo va a ser la niña de la cera, anda anda, que tienes cada cosa. – replicó una señora de mediana edad que estaba sentada en la mecedora de al lado, imagino que se trataba de algún familiar- Perdónala, eh, que no sabe lo que dice.
- Pero si es la niña de la cera, ¿no la ves? Es igualita. Aquella de la calle de ahí abajo, ¿Tú no vives en esa calle de ahí abajo, chiquita?
- No, no, señora, vivo en la otra calle, un poco más parriba.
- Ah... pues no será, pero yo diría que sí.
Entonces me imaginé siendo la niña de la cera. Viviendo en la calle de ahí abajo. Seguramente llevaba un mandil negro, una falda de vuelo y de flores, el pelo muy largo y muy negro y barría la acera con empeño saludando a mis vecinas, quizás canturreaba alguna canción. Algunas de ellas me preguntarían que si había sacado ya la cera de mi panel de abejas, aquel que tengo en la casa de mi tía en Sant Jeroni de la Murtra, y si había fabricado las velas, las figuritas, los ungüentos, entonces les diría que sí, pueden pasar a verlas, que tengo todo muy bien de precio, que estoy barriendo la acera porque está toda pringosa de lo que cae de los árboles, pero que en un momentito ya lo tengo todo preparado. Pero que se dieran prisa, señoras, por favor, que Jesús venía a buscarme a las cinco para dar un paseo por la Plaza del Generalísimo y que íbamos a comer unos churros y con un poco de suerte nos daba tiempo a ver una película de esas de amor en el cine Savoy antes del toque de queda de mi padre, que ya sabéis como es, y no le gusta nada Jesús porque dice que es un revolucionario, así que a mandar. Id entrando si queréis, que me queda bien poquito. Juana, esas velitas azules te gustarán, y a ti, Dolores, que tú si que pareces una figurita de cera, a ver si te pones al sol un ratico, condená, te tengo preparadita un ungüento que te irá de fábula para tus males.
Y entonces soplaría el viento y haría volar un poco la falda, y un poco el pelo, y un poco todo el montoncito de porquería que había barrido, y se lo llevaría todo, me iría rechistando hacia adentro, con mi cera y mis vecinas, y maldiciendo el viento. El maldito viento.
jueves, julio 05, 2007
Hipotética noche
Ayer fui al lugar donde hipotéticamente nos conocimos hace un año. Recree la misma noche: cené en la playa de Sant Pol con unos amigas, los trozos de coca tenían granitos de arena, nos deslumbraban los fuegos artificiales, tenía la regla y cada petardo estallaba en mis riñones y en mi vientre, coincidimos gracias a unos amigos del hermano de Mireia mientras la orquesta cantaba algo así como Satisfaction, enseguida congeniamos y nos dimos la dirección de e-mail, no dormimos en toda la noche, llegué a mi casa a las dos del mediodía sin dormir, te acababa de conocer: no podría ser de otro modo. Meses después, quizás en noviembre, aterrizaste en mi casa y mi madre te miró como a algo extraño. Mi madre no te entendió, pero le contamos lo que ocurrió esa noche y se lo creyó.
Pero sólo fue algo hipotético.
Yo aquella noche en realidad estaba en el Llac de Banyoles. La coca tenía otros granitos. Bailaba la Cenicienta de Prokófiev en la hierba, en una total oscuridad penosamente alumbrada por la luz del móvil que no paraba de sonar, era Caro, pero hablaba Iván, los dos teníais la misma voz y me era casi imposible distinguiros. Me paseaba por todo el camping a paso ligero, unos cascos encima de unas motos me dieron miedo, imaginaba el cuerpo intermedio: del casco al asiento. Le dije a David que viniera, que aquello parecía un hombre y que me daba miedo. Él lo corroboró. Poco después mientras intentaba imitar a un camaleón, cayó al suelo, se volvió de color morado y empezó a echar espuma por la boca. Salí corriendo, ya sabéis, las piedras del camping se me clavaban en las suelas planas de mis zapatos de bailarina mientras iba pensando la elegía que recitaría en su funeral. Al final no pasó nada, se recuperó en unos días y ayer me envió un sms diciendo: hoy cumplo un año. No dormí en toda la noche, intenté despejarme en la piscina, pero todo tenía mal sabor y se repetía dentro de mí una y otra vez, como en una pesadilla de una siesta de tres horas. Conduje en línea recta hasta mi casa. Llegué a las dos. Mi madre me preguntó que si había dormido y le dije que no, que había estado en la playa de Sant Pol, que toda la noche la orquesta sonando, que tú, que los cohetes, que la arena, etcétera.
25 junio 2007.
martes, junio 12, 2007
Sueño o ficción
Últimamente, siempre que sueño con él, acaba desapareciendo de una manera o de otra. Se desintegra, por ejemplo, poco a poco, hasta convertirse en agua salada mientras nos bañamos en el mar, juega a descorporeizarse si tomamos algo en una cafetería novecentista (que está, seguro, en una calle estrecha y adoquinada), o acaba por descomponerse en nieve virgen (si en ese momento me ha dado por componer un muñeco). Pero a los segundos de desparecer me da muestras de que sigue ahí: tocándome el pelo cuando pasa corriendo por detrás, soplándome en el oído, cogiéndome un pie en el agua o haciéndome tropezar con un ski. Poco después, alguien me avisa de que si desaparece, es porque no existe, porque sólo yo lo he inventado. Me avisa, por ejemplo, una hermana pequeña y algo diabólica que le he creado o un presentador de telediario cuando enciendo la televisión al volver a casa.
Entonces me despierto con una sensación de haber vivido un rodaje durante toda la noche, que los decorados eran milimétricos (esa cafetería y esos adoquines), que las escenas estaban bien recreadas (qué bien se desintegró en el agua), que nuestros papeles como actores actantes eran estupendos (con qué naturalidad los interpretamos), que la iluminación era perfecta (esa luz fría detrás del muñeco de nieve).
Me incorporo y pienso que hoy, el camino desde nuestra cama al lavabo debería ser guiado por una moqueta roja y que en el bar de la esquina, en vez de café, nos tendrían que servir una estatuilla.
viernes, junio 01, 2007
Y se hizo el sonido
El tipo era majo. Una treintena de años, ojos simpáticos y una calva trasera-cogotera incipiente. Mi madre babeaba desde la silla de la consulta
- ¿Ves que majo es? ¿Ves que majo?
- Sí, es majísimo, mama.
Él seguía sonriendo mientras preparaba todos los utensilios: una especie de jeringuilla que parecía estar sacada del laboratorio del Doctor Frankenstein, aparatosa y amenazante, rellena de agua caliente y una palangana preparadita para recibir porquerías, como siempre.
Entonces me sentó en la camilla, me puso toallas sintéticas por todo el cuerpo y empezó a hurgar en mis oídos. Es una sensación odiosa, ya sabéis. Y más cuando un chorro (chigate, me gusta llamarlo) de agua se dirige raudo y veloz hacia tu tímpano dolorido por un tapón de cera, o dos, o tres. Ah, y la palangana la tenía que aguantar yo, justo a la altura de la mitad del cuello, mientras me concentraba en pensar qué cara de criaturita desgraciada debería estar poniendo y que, por suerte, sólo podía ver mi madre.
- ¿Te duele?
- No, pero es desagradable.
- Es desagradable, ¿verdad?
- Sí, ciertamente.
- Te estás mojando un poco, ¿no?
- Sí, voy a salir de aquí siendo Miss Camiseta Mojada.
Y el tipo, claro está, se reía con mis gracias de nerviosa mientras me sacaba cera y más cera de los oídos y de paso mi madre hacía la crónica descriptiva de la jugada:
- Ui ui ui, ¡madremía, todo lo que te está saliendo de ahí! ¡Ui, qué cantidad!
Gracias por el relato, mama. Al final te voy a prohibir ver España Directo, de verdad te lo digo. Y en aquel instante llegó la clave de la historia, el momento en el que Oriol, el enfermero más majo de todos los majos, consiguió sacarme los tapones de los oídos, y entonces… se hizo el sonido. Empecé a oírlo todo. Me venía de delante, de detrás, de los lados, oía en estero, en doubly sorround. Me llegaba el sonido de un riachuelo que pasaba a kilómetros del lugar, el batir de las alas de un mosquito tigre, los pasitos rápidos de las hormigas del descampado, el pasar de página de un estudiante del piso de enfrente, el destapar de una caja de cartón de la acera del callejón. Caminaba por la calle y cualquier sonido minúsculo y alejado, me parecía una amenaza cercana e inminente (entonces me giraba rápidamente mirando con cara de sospecha a todo lo que era susceptible de ser objeto sonoro).
Hablaba, y me oía sobredimensionada, era como una voz en off de mí misma, reverberante e intensa, fuera de mí, relatadora.
Fue una sensación bonita mientras duró. Hoy mi sentido del oído ya se ha regulado, y lo oigo todo normal, justo como antes de que Oriol me quitara los tapones de los oídos.
miércoles, mayo 23, 2007
como esos pájaros de ahí
Yo misma esquivé algunos, sentía el dolor de su contacto como si éste se hubiera producido. Pero encontraba la solución: situarme al lado de un charco. De este modo, el murciélago blanco por vete tú a saber qué motivos, iba directo al charco, embutía su pico en el agua y se ahogaba (miraba su muerte y me gustaba). Una vez solucionado el problema, me fui a mirar bolsos y zapatos.
---------------------------------N. del A.: Sueño demasiado, tengo poco tiempo para contarlo. Algún día de éstos volveré. Dibujo mal, me pilló en clase, pero es lo que hay.

