viernes, enero 16, 2009

El enorme receptor de radio

Queridos puntillosos:

Os presento mi primer cortometraje como directora. Se trata de una adaptación del cuento "El enorme receptor de radio" (The enormous radio) de John Cheever.



Espero que os guste.

martes, noviembre 25, 2008

Somiant desperta

Encontré este texto en un dossier de Catalán de 6º de primaria. Está datado el 1 de abril de 1998. Podría ser mi opera prima en cuestión de narración en primera persona. Me hizo una ilusión terrible encontrarlo. El original está en catalán, abajo la traducción.


Tombada a la platja, sobre una tovallola, moltes coses se m'han passat pel cap: somnis, imatges.

De cop i volta he obert els ulls i he vist tot un cel blau plé d'ocells que volen.

M'he imaginat que jo era un d'ells, i des d'allà dalt, tota una platja plena de nens jugant i banyant-se.

He seguit volant i tot era mar. De tant en tant veia un vaixell que s'enfonsava: "adéu, vaixell".

Desprès m'he adonat que estava tombada a la platja, sobre una tovallola i somiant desperta. Quina pena! m'agradaria ser un d'ells, però mai ho aconseguiré.


--

Tumbada en la playa, sobre una toalla, muchas cosas se me han pasado por la cabeza: sueños, imágenes.

De repente he abierto los ojos y he visto un cielo azul lleno de pájaros que vuelan.
Me he imaginado que yo era uno de ellos, y desde allí arriba, toda una playa llena de niños jugando.

He seguido volando y todo era mar. De tanto en tanto veía un barco que se hundía: adiós, barco.

Después me he dado cuenta de que estaba tumbada en la playa, sobre una toalla, soñando despierta. Qué pena. Me gustaría ser uno de ellos, pero nunca lo conseguiré.

sábado, octubre 18, 2008

Le charme discret de l'écriture

Littérature: charmante, discrète, silencieuse. Toi, qui me détournes en discrète obsédée. En silence, tu apparais dans mes rêves : c’est une route asphaltée qui traverse, perdue, le néant. Moi pareil. Tombes du ciel, toi, blanche et purifiante : défiante. Mais je t’écrase, je cloue mes talons en laissant ma tache, ma trace, sur toi. Ma tache de lettres, ma marque de mots, ma trace de vie. Obsession charmante et discrète. Détournée.

sábado, septiembre 27, 2008

Señales de vida, señales de muerte


- Cuando aterrice -le digo- te doy señales de vida. O quizás –añado- alguien te dará, de mi parte, señales de muerte. Quizás muy pronto, algún locutor de la radio cuando aún vayas por la Ronda de Dalt. Te enterarás por otros, por terceros (obvio) de que no he llegado a tierra. Me habré quedado colgada de una nube (será de noche y no lo verás) entonces simularé ser un fuego artificial, un cohete, una petarda, que fingirá haber explotado al lado del motor de un avión. Estate atenta, ésa será mi señal, encima del mar, colgando de una nube, señal luminosa y acústica, señal de muerte. Pero no te preocupes.

Las escaleras hacen una ola, yo me ondulo. Las vallas dibujan un zigzag, yo lo trazo. Sigo, involucrada, el camino perfecto y seguro. El camino del aire.

Como una ensalada de pasta, es muy triste comer eso siendo probable posible hipotética o seguramente mi última cena, sin apóstoles siquiera, sola, mirando un letrero luminoso. Podría, al menos, haber pedido un bocadillo de jamón ibérico.

Las ruedas de mi maleta tienen ganas de bailar y se marcan unos pasos y unas pirués en la pasarela que lleva al avión. Me hace gracia. Voltea y se contonea, ella, tan rosa nacarada. Yo también quiero sacudir mi cuerpo a ritmo del último de Extremoduro, pero me viene a la mente Oceans Blue de Enya, con olor y sintonía de presagio de muerte. Dulce introducción a presagios de muerte. Atenúan las luces por nuestra seguridad, mientras vemos de cerca las demás luces de la pista de despegue. Meneo mi cuerpo con la música impersonal y pretenciosamente relajante que suena en este airbus320. Dulce danza de la muerte. Barcelona en letras mayúsculas y amarillas. Lento desplazamiento en pista.

Autobús del aire.

Avenida de la luz. Avenida de la muerte.

lunes, agosto 04, 2008

Bittersweet: mi casa tenebrosa


Quiero vivir en esa casa, justo en ésa, Monsterhouse al estilo burtoniano galego. Tétrica y tenebrosa, bajo un cielo gris perenne, descargador de truenos y lluvias, y algún rayo en el jardín que parta por la mitad mi árbol centenario y lo condene a una vida eterna calcinada.

Quiero vestir de negro con el pelo más negro aún, y cardado, y que mi piel morena se torne blanquecina rozando la transparencia (que se puedan ver todas las venas, azules) y que lo oscuro de las ojeras resulte tan prominente que sea el rasgo más llamativo de mi rostro. Quiero que a él le pase y vaya y sea lo mismo. Y que nos desplacemos sin andar, levitando a apenas cinco centímetros del suelo. Que nos deslicemos.

Quiero vivir en esa casa impenetrable, y que la miren allá en lo alto desde la carretera, y que al verla sientan lo que yo siento cada vez que paso por delante de ella, fugaz y amante: un escalofrío caluroso al ver tu hogar. Bittersweet. Así la llamaré. Así se siente ella. Así nos sentimos las dos.



jueves, julio 24, 2008

zapatos mojados

Podría empezar diciendo que

Le dije:
- Me voy.

Me contestó:
- ¿Te vas? ¿Y me dejas solo, aquí?

Respondí:
- Yo también me voy sola.

Y podría acabar diciendo que

me di cuenta de que mis zapatos, que llevaban mojados, en su puerta, casi veinticuatro horas, aún no estaban secos. Así que no pude irme. Los puse a vista del sol incipiente en la ventan de su cocina. Al lado de la montaña de pinzas de madera, visionando las otras, de ropa aún por tender.

lunes, julio 14, 2008

Sin tetas no hay paraíso

Cómprame unos pañuelitos, anda, que no es por pedir, que es para ponerme tetas, es que soy transexual, ¿sabes? tú me entenderás, que tú eres mujer. Apunta mi número, va, 678, ¿no? ¿Vendrás al día del orgullo gay? es el 28 de junio, que yo no voy por ahí metiendo mano en las carteras como hacen las rumanas esas, que yo vendo klínexs porque quiero ponerme tetas por qué andan poniendo todo el día mariquitas en tele 5 si luego pasáis? sólo estáis pa reírle las gracias a ese de Aída que na más que dice chocherías, apúntate mi número, anda, venga 678, vendrás al día del orgullo gay, no?el 28, va que tu me entiendes, que tú también eres mujer, yo también, pero sin tetas.


Se levanta y se baja en la parada siguiente, posiblemente Urquinaona.

viernes, mayo 30, 2008

final...

sólo puedo decir que ha sido un final dramágico

lunes, marzo 03, 2008

Tánatos

No pasa nada si quiero morir. Es un sentimiento pasajero, momentáneo. Sé que durará apenas unas horas, pero siento profunda y asediosamente el deseo de morir, de cerrar los ojos una vez más durante muchas, muchas horas. Digamos que me duelen hasta las pestañas, sin hiperbolizar, y que los ojos me escuecen como si me hubieran arrojado malvadamente cualquier líquido tóxico y corrosivo. La desazón es insoportable, estoy mareada y tengo ganas de vomitar, siento toneladas presionando mis hombros y la coleta me pesa demasiado y finalmente permito a mi pelo arrojarse al abismo (existencial) de mi espalda (aunque digan que Sartre ya no está de moda y, aunque me empeñe, no soy su hija y tampoco de Simone y aunque crea que “L’enfer c’est les Autres”[1] y que en mi caso “L’enfer c’est moi”[2].), Pero la coleta me pesa demasiado y finalmente permito a mi pelo arrojarse al abismo de mi espalda y el cuello alto del jersey y del abrigo (inevitablemente rojo) tratan de estrangularme segundo a segundo.

Todo sería más fácil si en este momento estuviera muerta, pero no me preocupa, es un sentimiento transitorio (pero es tan fuerte y tan real). Y me vienen a la mente sueños inexorablemente soñados, el dolor de boca al haber insistido en apretar la mandíbula durante toda la noche para que no se escape, al despistarme, el pequeño ser demoníaco que hay dentro de mí que se dedica a fabricar por las noches historias como una en que una cremallera estrecha y débil se rompe y me deja suspendida de un mínimo puente de caña sobre las montañas nevadas, como una en que me hace conducir por un pequeño pueblo esquivando dálmatas suicidas o que me hace ser atacada sexual y consentidamente por un hombre que deseo en medio de la plaza Verdun Préfecture y que me hace darme cuenta al despertar que ése no existe más a mi lado, que puede que esté en otro país, que puede que no me mire cuando canta, que puede que no se siente conmigo en un sofá lleno e instrumentos y me mire a los ojos como si nos conociéramos de toda la vida y que puede que ni siquiera exista.

Pero siento profundamente el deseo de morir (y aunque más débil pero igualmente existente, el deseo de matar) porque es el impulso tanático que dura unas pocas horas pero que existe. Y en este momento me cortaría las venas con el cutter que llevo en el estuche y que no sé por qué está ahí, pero sería una pena porque nadie aquí podría relatar bien mi muerte porque en francés no existe el verbo “desangrarse”, se conforman con decir “saigner abondamment”[3] o “perdre tout son sang”, y no es lo mismo, monsieur, y tampoco inalcanzable, dicen “inaccesible”, et ce n’est pas pareil, monsieur. Me cago en Rimbaud, Baudelaire y en quien haga falta, savez-vous[4]?

Entonces susurro a quienquiera que haya a mi lado: je crois que je vais mourir[5]. Y éste quienquiera me mira con una débil sonrisa miedosa dibujada en su boca pensando que lo digo en broma. Oui, monsieur quiconque, c’est just pour rigoler, mais c’est vrai, je crois que je vais mourir[6]. Entonces quiconque desvía la mirada hacia otro lado mientras la mía sigue clavada en el cutter y en que no puedo morir desangrada porque el verbo no existe en este país. Entonces simplemente moriría, así que desisto por el momento porque si muero al menos quiero que sea una muerte trágica y poética digna de ser narrada.

Y espero ansiosamente a que estas horas pasen, pero solo han pasado dos malditas horas y necesito, al menos, cinco hasta que definitivamente las cuatro escasas que he dormido dejen de torturarme y empezar a creer que es maravillosa la primavera incipiente y que es milagroso que crezcan las flores mientras sigo viendo, al fondo, las montañas nevadas. Al menos cinco horas hasta que deje de pensar que todo el mundo es necio y despreciable, para que deje de ladrar cada vez que tengo que contestar algo. Al menos cinco hasta que comience a pensar que es estupendo pasear en bicicleta (de los años sesenta, de color turquesa y óxido) con el sol aún algo helado posándose en tu cara y que me sonrían los chicos al pasar y que lea idílicamente algo de Marguerite Duras tumbada en el cristalino césped. Entonces, cuando estoy a punto de vomitar el café encima de las fotocopias del subjuntivo va y espeta el monsieur: “la negation d’un sentiment c’est encore un sentiment”[7] y pienso en que quizás la negación del deseo de vivir es todavía un deseo y que deseo irme de clase y seguir viviendo. Entonces descubro que ni incipiente primavera ni hostias, que hoy no hace sol y no se ven las montañas nevadas al fondo porque una densa neblina las cubre y me cubre. Y me parece mucho más acertado, pues hoy un sol hubiera sido burlesco y abrumador y le hubiera rogado que me dejara en paz, al menos, hasta abril. A la sazón, le digo a una compañera que también ha salido de clase y me había preguntado si “ça va?” que non, que ça ne va pas, que aujourd’hui je n’existe plus et que je vais partir de ce monde subjonctif car je ne le peux pas supporter et que à bientôt, on se voit demain ou dans trois heures quand cette brouillard ou ce lundi matin aient disparus[8].



[1] “el infierno son los Otros”.

[2] “el infierno soy yo”

[3] “sangrar abundantemente” o “perder toda la sangre”.

[4] ¿sabe usted?

[5] Creo que voy a morir.

[6] Pero es verdad, señor quienquiera, es solo una broma, pero es verdad, creo que voy a morir.

[7] “La negación de un sentimiento es todavía un sentimiento”

[8] “Como va?” que No va, gracias, que hoy no existo y que yo creo que voy a irme de este mundo subjuntivo porque no lo puedo soportar y que hasta pronto, que nos vemos mañana o de dentro de tres horas, cuando la niebla y el lunes por la mañana hayan desaparecido.

N.del A: Messieurs Dames, he vuelto.

lunes, diciembre 03, 2007

Regalo nunca regalado

Hace cinco años que está allí.
Hace cinco años que está guardado en el cuartillo de un parking de la calle Aragó.
Y ya no huele a nada.
Y ya no tienen sentido.
Ese perfume no huele a nada, y aunque no sepa qué dicen esas letras, no tienen sentido. Esas letras grabadas en oro blanco.

Letras que no huelen a nada.
Olor sin sentido.

Hace cinco años que me lo debería haber regalado. Hoy acabo de descubrir lo que es. Siempre me había imaginado un anillo y un oso de peluche. Pero es un colgante grabado, un mensaje grabado y un perfume.

Mensaje y olor caduco. Mensaje y olor caducado.
Regalo nunca regalado.
Regalo olvidado en el cuartillo de una plaza de parking que ahora tiene otro dueño.
Grabado de amor perdido.

Él se acuerda de lo que reza el grabado pero no me lo dice, no me lo quiere decir, como lleva cinco años no queriéndome revelar cuál era el regalo olvidado.

En el fondo siempre creí que nunca existió. Pero ahora es mío. Huelo ese perfume y leo ese grabado. Los puedo imaginar.

Regalo regalado.
Regalo rescatado.
Regalo recuperado del olvido.

lunes, octubre 22, 2007

en regardant au sol

Parfois, quand une marche par la nuit en regardant au sol, on trouve des choses comme cela…

Qui est-ce qui l'aura écrit ? Quand ? Qui est Laure ?

Parfois...


martes, octubre 09, 2007

...pero leix

Leix, termino acunyado por mon amie Marina. Leix: adv. del cultumarquinal lexius-legis.. Lejos fisicamente, pero cerca en el corazon.

pues estoy leix de mi blog por un cumulo de circunstancias, como ocurrirsele a una la idea de irse a estudiar al extranjero, a Francia exactamente. Estoy aun con el problema de la incomunicacion, ya sea face to face como por internet, ya os contaré, si seguis ahi.
de momento todo bien, en este pais la presion del grifo del agua caliente es superior a la del agua fria, no te dan bolsas en los supermercados, cuando te van a dar dos besos empiezan por la mejilla izquierda ( imaginense la torpeza y los malentendidos espaciotemporales), en los teclados solo es posible acentuar la letra "é/è", la "à" y la "ù" y otras cosas por el estilo.

Nos escribimos pronto. Hasta entonces.

miércoles, agosto 01, 2007

La niña de la cera

Llegué a la cuarta planta cuando aún me estaba mirando en el espejo mientras olía ligeramente a orín, lana y calefacción. Al darme cuenta de que el ascensor había alcanzado la sala de estar, me giré y lo vi allí sentado en el sofá, con una manta sobre las piernas, tapándose los ojos con las manos (por todos es sabido que “las cataratas no quieren luz”) e intentado dormir algo más, dado que quince horas de sueño suelen ser insuficientes. Después de algunos segundos mirándome, supo decir “la Laurita”, tras la incesante pregunta de mi madre: “¿esta quién es? a ver”. Fue entonces cuando, mientras intentábamos convencerle de que cumplía ochenta y siete años y no cincuenta y siete como él aseguraba, una voz de mujer algo temblorosa preguntó:

- ¿Tú eres la niña de la cera?

Me giré rápidamente. Ella estaba sentada en una mecedora, tenía el pelo completamente blanco y rizado.

- ¿Tú eres la niña de la cera? – insistió-.

- Eh… lo siento, señora. Creo que no, creo que se equivoca.

- ¡Pero cómo va a ser la niña de la cera, Pilar! Pero si esa se murió hace lo menos diez años! Si la niña de la cera era más o menos de tu edad. Cómo va a ser la niña de la cera, anda anda, que tienes cada cosa. – replicó una señora de mediana edad que estaba sentada en la mecedora de al lado, imagino que se trataba de algún familiar- Perdónala, eh, que no sabe lo que dice.

- Pero si es la niña de la cera, ¿no la ves? Es igualita. Aquella de la calle de ahí abajo, ¿Tú no vives en esa calle de ahí abajo, chiquita?

- No, no, señora, vivo en la otra calle, un poco más parriba.

- Ah... pues no será, pero yo diría que sí.

Entonces me imaginé siendo la niña de la cera. Viviendo en la calle de ahí abajo. Seguramente llevaba un mandil negro, una falda de vuelo y de flores, el pelo muy largo y muy negro y barría la acera con empeño saludando a mis vecinas, quizás canturreaba alguna canción. Algunas de ellas me preguntarían que si había sacado ya la cera de mi panel de abejas, aquel que tengo en la casa de mi tía en Sant Jeroni de la Murtra, y si había fabricado las velas, las figuritas, los ungüentos, entonces les diría que sí, pueden pasar a verlas, que tengo todo muy bien de precio, que estoy barriendo la acera porque está toda pringosa de lo que cae de los árboles, pero que en un momentito ya lo tengo todo preparado. Pero que se dieran prisa, señoras, por favor, que Jesús venía a buscarme a las cinco para dar un paseo por la Plaza del Generalísimo y que íbamos a comer unos churros y con un poco de suerte nos daba tiempo a ver una película de esas de amor en el cine Savoy antes del toque de queda de mi padre, que ya sabéis como es, y no le gusta nada Jesús porque dice que es un revolucionario, así que a mandar. Id entrando si queréis, que me queda bien poquito. Juana, esas velitas azules te gustarán, y a ti, Dolores, que tú si que pareces una figurita de cera, a ver si te pones al sol un ratico, condená, te tengo preparadita un ungüento que te irá de fábula para tus males.

Y entonces soplaría el viento y haría volar un poco la falda, y un poco el pelo, y un poco todo el montoncito de porquería que había barrido, y se lo llevaría todo, me iría rechistando hacia adentro, con mi cera y mis vecinas, y maldiciendo el viento. El maldito viento.

jueves, julio 05, 2007

Hipotética noche

Ayer fui al lugar donde hipotéticamente nos conocimos hace un año. Recree la misma noche: cené en la playa de Sant Pol con unos amigas, los trozos de coca tenían granitos de arena, nos deslumbraban los fuegos artificiales, tenía la regla y cada petardo estallaba en mis riñones y en mi vientre, coincidimos gracias a unos amigos del hermano de Mireia mientras la orquesta cantaba algo así como Satisfaction, enseguida congeniamos y nos dimos la dirección de e-mail, no dormimos en toda la noche, llegué a mi casa a las dos del mediodía sin dormir, te acababa de conocer: no podría ser de otro modo. Meses después, quizás en noviembre, aterrizaste en mi casa y mi madre te miró como a algo extraño. Mi madre no te entendió, pero le contamos lo que ocurrió esa noche y se lo creyó.

Pero sólo fue algo hipotético.

Yo aquella noche en realidad estaba en el Llac de Banyoles. La coca tenía otros granitos. Bailaba la Cenicienta de Prokófiev en la hierba, en una total oscuridad penosamente alumbrada por la luz del móvil que no paraba de sonar, era Caro, pero hablaba Iván, los dos teníais la misma voz y me era casi imposible distinguiros. Me paseaba por todo el camping a paso ligero, unos cascos encima de unas motos me dieron miedo, imaginaba el cuerpo intermedio: del casco al asiento. Le dije a David que viniera, que aquello parecía un hombre y que me daba miedo. Él lo corroboró. Poco después mientras intentaba imitar a un camaleón, cayó al suelo, se volvió de color morado y empezó a echar espuma por la boca. Salí corriendo, ya sabéis, las piedras del camping se me clavaban en las suelas planas de mis zapatos de bailarina mientras iba pensando la elegía que recitaría en su funeral. Al final no pasó nada, se recuperó en unos días y ayer me envió un sms diciendo: hoy cumplo un año. No dormí en toda la noche, intenté despejarme en la piscina, pero todo tenía mal sabor y se repetía dentro de mí una y otra vez, como en una pesadilla de una siesta de tres horas. Conduje en línea recta hasta mi casa. Llegué a las dos. Mi madre me preguntó que si había dormido y le dije que no, que había estado en la playa de Sant Pol, que toda la noche la orquesta sonando, que tú, que los cohetes, que la arena, etcétera.

25 junio 2007.

martes, junio 12, 2007

Sueño o ficción

Últimamente, siempre que sueño con él, acaba desapareciendo de una manera o de otra. Se desintegra, por ejemplo, poco a poco, hasta convertirse en agua salada mientras nos bañamos en el mar, juega a descorporeizarse si tomamos algo en una cafetería novecentista (que está, seguro, en una calle estrecha y adoquinada), o acaba por descomponerse en nieve virgen (si en ese momento me ha dado por componer un muñeco). Pero a los segundos de desparecer me da muestras de que sigue ahí: tocándome el pelo cuando pasa corriendo por detrás, soplándome en el oído, cogiéndome un pie en el agua o haciéndome tropezar con un ski. Poco después, alguien me avisa de que si desaparece, es porque no existe, porque sólo yo lo he inventado. Me avisa, por ejemplo, una hermana pequeña y algo diabólica que le he creado o un presentador de telediario cuando enciendo la televisión al volver a casa.

Entonces me despierto con una sensación de haber vivido un rodaje durante toda la noche, que los decorados eran milimétricos (esa cafetería y esos adoquines), que las escenas estaban bien recreadas (qué bien se desintegró en el agua), que nuestros papeles como actores actantes eran estupendos (con qué naturalidad los interpretamos), que la iluminación era perfecta (esa luz fría detrás del muñeco de nieve).

Me incorporo y pienso que hoy, el camino desde nuestra cama al lavabo debería ser guiado por una moqueta roja y que en el bar de la esquina, en vez de café, nos tendrían que servir una estatuilla.

viernes, junio 01, 2007

Y se hizo el sonido

El tipo era majo. Una treintena de años, ojos simpáticos y una calva trasera-cogotera incipiente. Mi madre babeaba desde la silla de la consulta

- ¿Ves que majo es? ¿Ves que majo?

- Sí, es majísimo, mama.

Él seguía sonriendo mientras preparaba todos los utensilios: una especie de jeringuilla que parecía estar sacada del laboratorio del Doctor Frankenstein, aparatosa y amenazante, rellena de agua caliente y una palangana preparadita para recibir porquerías, como siempre.

Entonces me sentó en la camilla, me puso toallas sintéticas por todo el cuerpo y empezó a hurgar en mis oídos. Es una sensación odiosa, ya sabéis. Y más cuando un chorro (chigate, me gusta llamarlo) de agua se dirige raudo y veloz hacia tu tímpano dolorido por un tapón de cera, o dos, o tres. Ah, y la palangana la tenía que aguantar yo, justo a la altura de la mitad del cuello, mientras me concentraba en pensar qué cara de criaturita desgraciada debería estar poniendo y que, por suerte, sólo podía ver mi madre.

- ¿Te duele?

- No, pero es desagradable.

- Es desagradable, ¿verdad?

- Sí, ciertamente.

- Te estás mojando un poco, ¿no?

- Sí, voy a salir de aquí siendo Miss Camiseta Mojada.

Y el tipo, claro está, se reía con mis gracias de nerviosa mientras me sacaba cera y más cera de los oídos y de paso mi madre hacía la crónica descriptiva de la jugada:

- Ui ui ui, ¡madremía, todo lo que te está saliendo de ahí! ¡Ui, qué cantidad!


Gracias por el relato, mama. Al final te voy a prohibir ver España Directo, de verdad te lo digo. Y en aquel instante llegó la clave de la historia, el momento en el que Oriol, el enfermero más majo de todos los majos, consiguió sacarme los tapones de los oídos, y entonces… se hizo el sonido. Empecé a oírlo todo. Me venía de delante, de detrás, de los lados, oía en estero, en doubly sorround. Me llegaba el sonido de un riachuelo que pasaba a kilómetros del lugar, el batir de las alas de un mosquito tigre, los pasitos rápidos de las hormigas del descampado, el pasar de página de un estudiante del piso de enfrente, el destapar de una caja de cartón de la acera del callejón. Caminaba por la calle y cualquier sonido minúsculo y alejado, me parecía una amenaza cercana e inminente (entonces me giraba rápidamente mirando con cara de sospecha a todo lo que era susceptible de ser objeto sonoro).
Hablaba, y me oía sobredimensionada, era como una voz en off de mí misma, reverberante e intensa, fuera de mí, relatadora.

Fue una sensación bonita mientras duró. Hoy mi sentido del oído ya se ha regulado, y lo oigo todo normal, justo como antes de que Oriol me quitara los tapones de los oídos.

miércoles, mayo 23, 2007

como esos pájaros de ahí

Estábamos en la Calle Castellbell, a la altura del número cinco, hablábamos en grupo y le decía a mi madre que había una nueva especie de pájaros, unos murciélagos que volaban de día, y por ende, eran blancos, como ésos de ahí, como ésos que corren a precipitarse. Pero su pico era enorme, devastador, y sólo volaban en picado para clavar su pico en el pie de algún viandante. Si fallaban en su precisa trayectoria asesina, incrustaban su pico en el suelo, ya fuera tierra, barro, cemento o alquitrán, y allí se quedaban, con los ojos abiertos, hasta su muerte. Algunos de la calle comentaban que el dolor que producían al clavarse en el pie o en el tobillo era agudo, intenso, como ningún otro dolor en el mundo y todos los demás andaban dando saltos para evitar ser el blanco de su ataque.

Yo misma esquivé algunos, sentía el dolor de su contacto como si éste se hubiera producido. Pero encontraba la solución: situarme al lado de un charco. De este modo, el murciélago blanco por vete tú a saber qué motivos, iba directo al charco, embutía su pico en el agua y se ahogaba (miraba su muerte y me gustaba). Una vez solucionado el problema, me fui a mirar bolsos y zapatos.


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N. del A.: Sueño demasiado, tengo poco tiempo para contarlo. Algún día de éstos volveré. Dibujo mal, me pilló en clase, pero es lo que hay.

martes, abril 10, 2007

Su voz en off

Estaba tumbada en el césped con las manos cruzadas por debajo de la nuca. Tomaba el sol. Él empezaba a hablarme de cualquier cosa pero no le veía, su voz me llegaba, no su imagen, dónde estaría escondido, dónde, aunque su voz en off no parecía preocuparme demasiado, sólo me importaba estar tumbada en el césped con las manos cruzadas por debajo de la nuca y la correcta posición de mis gafas de sol.

Veía a gente conocida divirtiéndose, jugando con una pelota, supongo que a fútbol. La más estirada de todas, la más estilosa de todas peinaba con la cabeza (sin despeinarse) un centro imposible, y yo me reía, jovialmente me reía y mis carcajadas sorprendidas ocultaban su voz en off. “qué bien has peinado el balón sin despeinarte, Isabel”. Entonces me giraba y conseguía verle, sentado a mi lado, en el césped, como si tal cosa, como si llevara allí toda la vida plantado. Iba vestido de negro, con gafas de sol, y las piernas largas, había salido de su escondite de narrador omnisciente, de narrador de la jugada. Sonreía y era cómplice de la situación. (Increíble que ni se haya despeinado el tupé al rematar, increíble.) Le preguntaba que de dónde había salido y me respondía que de los libros. Qué tipo de libros. De esos de tu estantería. Eres un personaje. Un conglomerado de ellos. Ah, correcto, ManolitoAndrésHurtadoHoracioGenouilleTomásDédalusJoseArcadio, por llamarte de algún modo. Entonces nos levantábamos del césped, seguíamos riendo, y empezábamos a caminar. Stop. Miré mi reloj, miré un plano detalle de mi reloj: 12:20. Tengo que irme. Le suelto la mano, le doy un beso sonoro, y me voy escaleras arriba. Me voy escaleras de mi colegio de primaria, arriba. Pasamanos de madera y paredes verdes.

Taan tin, Taan Tin. Mire: Bon dia!si cuelgan las listas de los Erasmus hoy dime algo!Vagi b la reentre! 10.04.07, 07:33

sábado, abril 07, 2007

Dientes y Desayunos

Al despertarnos le digo que tiene los dientes de mi padre (o la boca): el tamaño, la forma, el color grisáceo, las pequeñas manchas amarillentas, la textura a tiras (quizás los labios finos). Llevaba un año pensándolo pero aun no se lo había dicho. Entonces sonríe y me pregunta cómo he dormido.

- Mal. Demasiados sueños. He besado a un amigo, me han invitado a una orgía y después de una fiesta, he vuelto a Sant Andreu.

Se levanta y me trae el desayuno a la cama. Me gusta la idea. Nunca antes me lo habían hecho. Creo que le inspiró la entrevista que vimos ayer noche en la que un presentador gay le preguntaba a una cantante de moda con un culo perfecto (presunto culo perfecto) si le llevaba el desayuno a la cama a su novio o su novio a ella. Es algo muy incómodo lo de desayunar en la cama. Es el miedo constante de que la bandejita de flores se vaya a la mierda y derrames todo el café por todo el blanco impoluto de las sábanas y el edredón. Es el miedo de tirar todas las migas de las tostadas y que pinchen las pieles la noche siguiente. Me siento y me clavo cada hueso de la espalda en la pared. Intento doblar en tres la almohada pero es inútil. Le digo que me duelen las mandíbulas y me hace un masaje en la cara: presiona haciendo círculos en los pómulos, en los párpados, en las sienes. Para y me mira atento desde su lado de la cama, los dientes de mi padre me miran atentos desde su lado de la cama. Y hace ya un año.

domingo, marzo 18, 2007

volver para irse


Dicen que al lugar donde fuiste feliz, no debieras tratar de volver.

aún así... C/Castellbell nº5