Cuando me propusieron el trabajo, me imaginé contando guisantes con pinzas para las cejas durante toda una noche, con un foco apuntándome en la frente, sudando la gota gorda, amenazada de muerte por un tren que se veía a lo lejos.
Me encargaron limpiar una a una las ennegrecidas piedras de dos estaciones de metro de la línea roja. Se ve que a los encargados de imagen y marketing de la TMB se les había metido en la cabeza cambiar el aspecto de las vías sin eliminar las míticas piedras.
Mi tarea se realizaría de 12 a 5 de la madrugada, cuando no hay circulación de trenes. Utilizaría una disolución de agua, amoníaco, blanco de españa y salfumán, además, mi cuerpo estaría provisto de un complejo sistema de alienación para no morir intoxicada.
Tenía, además, otra tarea: devolver a la extensa familia de ratones que allí habitaba su color blanco inicial, porque sino delataría su existencia entre las piedras blancas.
Era un reto para mí, sin duda. Mi paciencia era inexistente, mi miedo a las vías, aterrador, mi claustrofobia e inoperancia nocturna, alarmante, pero necesitaba el dinero y esta era una manera de enfrentarme a mí misma.
Y allí me planté, con mi traje aislador con mascarilla incluida, con la disolución tóxica en un cubo de metal, y con un despertador con la aguja apuntando a las 5 de la mañana por si acaso me dormía mientras bañaba a algún ratón en la mezcla de jabón para ratones. Empecé a limpiar las piedras, todo iba bien, empecé a cazar ratones, todo iba bien, no me ahogaba, no me dormía, no pasaba nada extraño, hasta que sentí a un perro olisqueándome los pies y el grito de un guardia de seguridad: ¡no limpies más! Resultó que había limpiado toda la estación, ahora parecía una estación de esquí, y no de metro. No se veía el rojo que indicaba el color de la línea, ni tampoco los mapas para saber hacia dónde se dirigía el metro. Los trabajadores, perdidos, no sabían que hacer. Me despidieron del trabajo, no cobré y seguí soñando en blanco hasta el día de hoy.
lunes, mayo 23, 2005
martes, mayo 17, 2005
Cosas que haría en el mejor día de mi vida
Haría collares de macarrones
Agujerearía las pechinas después de cogerlas en la orilla de la playa de Cunit
Contaría uno a uno los adoquines de mi antigua calle
Contaría uno a uno los pasos que hay desde la estación hasta tu casa
Pulsaría todas tus pecas para accionar los botones de tu piel
Contaría los colores de una tienda de ropa
Mediría la altura de mis tacones favoritos
Cantaría el gol que llevaría a mi equipo a la Champions League
Cantaría una canción de cuna a mi sobrino compuesta por Psique
Le haría una trenza a Aisha
Tocaría todas las cuerdas de un arpa
Bajaría sin frenos el loopin de una montaña rusa
Mordería, uno a uno, los pliegues de tu espalda
Dormiría una siesta en un sofá rojo
Explicaría mis historias a mi padre, allí en el cielo
Respiraría el olor de las piedras de los raíles de tren de la estación de Sant Andreu
Dejaría caer una a una mis lágrimas de lana, y con ellas, secaría las tuyas de agua salada
Contaría las bolitas de tu collar de pinchos
Desharía los hilos de teléfono y haría con ellos un sillón para sentarnos, los dos, a conversar.
Cogería los ratones del metro y los limpiaría hasta que fueran blancos.
Comería un níspero, una fresa, una cereza, unas patatas bravas, mascaría un chicle de cola, tragaría un helado de mitad chocolate mitad straciatella
Tallaría en un trozo de madera un lugar para los dos
Encendería la ya inexistente chimenea de mi casa y esnifaría los restos de ceniza.
Y por qué no, cenaría con Richard Gere, etcétera.
Y no me daría tiempo de hacerlo todo.
Agujerearía las pechinas después de cogerlas en la orilla de la playa de Cunit
Contaría uno a uno los adoquines de mi antigua calle
Contaría uno a uno los pasos que hay desde la estación hasta tu casa
Pulsaría todas tus pecas para accionar los botones de tu piel
Contaría los colores de una tienda de ropa
Mediría la altura de mis tacones favoritos
Cantaría el gol que llevaría a mi equipo a la Champions League
Cantaría una canción de cuna a mi sobrino compuesta por Psique
Le haría una trenza a Aisha
Tocaría todas las cuerdas de un arpa
Bajaría sin frenos el loopin de una montaña rusa
Mordería, uno a uno, los pliegues de tu espalda
Dormiría una siesta en un sofá rojo
Explicaría mis historias a mi padre, allí en el cielo
Respiraría el olor de las piedras de los raíles de tren de la estación de Sant Andreu
Dejaría caer una a una mis lágrimas de lana, y con ellas, secaría las tuyas de agua salada
Contaría las bolitas de tu collar de pinchos
Desharía los hilos de teléfono y haría con ellos un sillón para sentarnos, los dos, a conversar.
Cogería los ratones del metro y los limpiaría hasta que fueran blancos.
Comería un níspero, una fresa, una cereza, unas patatas bravas, mascaría un chicle de cola, tragaría un helado de mitad chocolate mitad straciatella
Tallaría en un trozo de madera un lugar para los dos
Encendería la ya inexistente chimenea de mi casa y esnifaría los restos de ceniza.
Y por qué no, cenaría con Richard Gere, etcétera.
Y no me daría tiempo de hacerlo todo.
domingo, mayo 08, 2005
Plusmarquista en salto de agujeros
Yo iba para campeona del mundo en salto de agujeros, de huecos, de baches, de vacíos. Empecé saltando los agujeros sin adoquines donde crecían los plátanos de la calle Irlanda, de la mano de mi hermano mayor, hasta que un día me soltó, y bajo mi sorpresa, no caí. Seguí saltando los huecos donde el agua se amontonaba los días lluviosos haciendo charcos, cuando a la mayoría lo que le entusiasmaba era caer de lleno en ellos y salpicar a todo lo que hubiera a su alrededor, ya fuera una vieja refunfuñona o un York Shire sin lazo y sin chubasquero (a mi no me gustaba saltar encima de los charcos porque se me habían roto mis botas verdes de agua de Snoopy, y saltar en los charcos, sin mis botas verdes de agua de Snoopy, ya no tenía gracia). Continué con los vacíos provistos de vallas amarillas y de montones de tierra húmeda de las obras de mi calle, Castellbell, aventura eterna.
Salté los baches de camino al colegio, Pegaso, (Pegaso saltaba también en el dibujo de mi chándal) salté los baches de la carretera cuando el Renault 12 se movía, de la vida, que fueron unos cuantos, pero los salté, porque yo iba para campeona del mundo en saltos de agujeros.
Un día me dijeron que por qué no probaba saltar muros, vallas rayadas, que me dejara ya de agujeros provistos de arena y de agua. Cogí carrerilla, elevé la pierna y la rodilla tal y como me había dicho mi profesora de cuatrocientos valla y mi frente se aposentó en los grumos granate de la pista de atletismo –menos mal que no es el cemento del patio del colegio, sino aquí me quedo– pensé, me levanté y seguí corriendo en busca de huecos, pues estaba claro que las alturas no eran lo mío, lo dejaría para más adelante.
En busca de más vacíos (no existenciales, de momento) seguí saltando y saltando, y salté un río, y me fui al exilio. Me dieron mi primera medalla por saltar el Besós. Fue el salto más largo, pero el peor, el desencadenante de más saltos obligados por los cuales no me dieron ninguna medalla, ni palmaditas en la espalda, ni un podium de gratitud, ni un diploma de consolación.
Hasta el día que descubrí a mi vecino de enfrente y me enamoré de él. Creí que podía saltar el hueco de la calle simulando las mejores aventuras de los tebeos que él leía en su balcón. Calculé mal la distancia entre ambos bloques, olvidando por completo de que vivíamos en un cuarto y a mí no se me daban bien las alturas. Y ahí me quedé, en el gran salto, colgada de un cable de la luz, o de teléfono, no sé, en cuatro años, dos meses y tres días no he podido averiguarlo, desde donde escribo en código Morse y mi gran amor lo transcribe en word. Yo iba para campeona de saltos de agujeros, pero me quedé en campeona de equilibrio en diez metros altura, cuatro años, dos meses y tres días. No me atrevo a saltar otra vez.
miércoles, mayo 04, 2005
domingo, abril 24, 2005
Margaritas y terciopelo negro

Abel abraza a Abril.
-¿Por qué no quieres estar conmigo?
Abel pone cara de mecagoenlaputa y vuelve a abrazar a Abril pensando que esa es la respuesta a todas sus preguntas. Que la quiere pero que no se lo va a decir, sueña Abril. A Abril se le caen a pedales esas lagrimillas de plástico azul que tanto odia en público y piensa en verde, y se refugia en sus margaritas, y se disfraza de una de ellas con la esperanza de que así Abel la quiera. A Abel le gustan las margaritas. Abel se disfraza de Abel, y a Abril le gusta aún más. A Abril también le gusta el rojo, rojo sangre de menstruación crónica. Con la menstruación crónica del hombre de rojo a Abril se le acaba el hierro y desvanece, moribunda, en el plástico negro de unos viejos asientos de metro, se esconde en el terciopelo negro de su chaqueta, en el negro sucio de las paredes del túnel, y decide que no le gustan los colores, ni los disfraces, pero se vuelve a poner su careta de margarita recién regada por las gotas pegajosas de jarabe para la tos.
jueves, abril 07, 2005
miércoles, marzo 16, 2005
Pendientes

Los que idearon las torturas chinas tendrían que venir y tomar apuntes de esto, yo, una vez más, sopayaseando delante del enemigo.
En el reflejo de la ventana veo seis círculos, cuatro blancos y dos negros, colgando de mis orejas, son mis pendientes nuevos.
Me abraza
No lo quiero [porque no es de verdad]
Se enfada
Lo quiero
Quiero que me abrace [de verdad]
No me abraza
Esto es una batalla, sin duda. Yo estoy luchando contra ti, eres mi enemigo y tú ni siquiera lo sabes. En una batalla no siempre hacen falta dos, con que uno quiera batallar, ya la hay, porque estas batallando contra la indiferencia de tu contrincante, la mejor enemiga, la que mientras más puñetazos le das, más te duele.
Pastillas para no llorar llevo como pendientes. Cierro la ventana, me he cansado de verme. De mientras, sigo esperando un día de color naranja, en el que me dé igual si tu rojo no vuelve, si se convierte en negro, si se vuelve transparente.
martes, marzo 15, 2005
Plusmarqueando en lágrima fácil
(escrito el lunes 28 de febrero de 2005)
Estoy dispuesta a sopayasear un poco más sólo por ti. Sólo para decirte que ayer, domingo tarde, te echaba de menos. Para decirte que batí todos mis récord en lágrima fácil. Lo tenía por haber llorado viendo Cásper, ayer, la plusmarquista sin igual, Laura G., lloró viendo una película de Charles Chaplin, Charlot, Luces de Ciudad, cuando el propósito de aquel “pobre” hombre era el de hacerme reír con sus sopayaserías, pues bien, gané yo.
Me entristecí al pensar lo mucho que me que hubiera gustado coger mi coche, aún en el concesionario, dirigirme hacia el Prat, llamar a tu timbre, verte asomado detrás del estor para ver quién coño te ha despertado de la siesta, que me abrieras con cara de dormido y te fueras sin decir nada directamente, de nuevo, al sofá. Al pensar que yo hubiera puesto Luces de Ciudad en el DVD mientras tú hubieras seguido durmiendo, hasta que a las 18.45 la hubiera detenido para poner el teletexto, despertarte, y ver si han ganado, perdido o empatado estos dichosos equipos y ver si nuestro Espanyol, está en Champions, en UEFA o en tu casa, con nosotros.
Y oler por quinta vez los perfumes que vaguean por tu casa, y ver por enésima vez el póster de los Beatles que contiene cien imágenes de cuarteto, y trapichear por vigésima vez los potingues de tu cuarto de baño y preguntarme por trigésima vez si tienes tantas partes del cuerpo para aplicártelos todos, y preocuparme a la vez porque yo no me pongo ni uno. Y curiosear, por octogésima vez, las chapitas que amontonas todas juntas y poder observar que Amélie sigue a la cabeza de ellas.
Y beber de tu vaso inclinado, y robarte en pleno sueño los cojines estampados, y que te enfades, y que te estampe uno en la cara, y que te hagas el dolido, y que te cure con curitasana dándote un millar de besitos de niña arrepentida.
Me vuelvo a tirar alfileres con un tirachinas, ya ves.
Estoy dispuesta a sopayasear un poco más sólo por ti. Sólo para decirte que ayer, domingo tarde, te echaba de menos. Para decirte que batí todos mis récord en lágrima fácil. Lo tenía por haber llorado viendo Cásper, ayer, la plusmarquista sin igual, Laura G., lloró viendo una película de Charles Chaplin, Charlot, Luces de Ciudad, cuando el propósito de aquel “pobre” hombre era el de hacerme reír con sus sopayaserías, pues bien, gané yo.
Me entristecí al pensar lo mucho que me que hubiera gustado coger mi coche, aún en el concesionario, dirigirme hacia el Prat, llamar a tu timbre, verte asomado detrás del estor para ver quién coño te ha despertado de la siesta, que me abrieras con cara de dormido y te fueras sin decir nada directamente, de nuevo, al sofá. Al pensar que yo hubiera puesto Luces de Ciudad en el DVD mientras tú hubieras seguido durmiendo, hasta que a las 18.45 la hubiera detenido para poner el teletexto, despertarte, y ver si han ganado, perdido o empatado estos dichosos equipos y ver si nuestro Espanyol, está en Champions, en UEFA o en tu casa, con nosotros.
Y oler por quinta vez los perfumes que vaguean por tu casa, y ver por enésima vez el póster de los Beatles que contiene cien imágenes de cuarteto, y trapichear por vigésima vez los potingues de tu cuarto de baño y preguntarme por trigésima vez si tienes tantas partes del cuerpo para aplicártelos todos, y preocuparme a la vez porque yo no me pongo ni uno. Y curiosear, por octogésima vez, las chapitas que amontonas todas juntas y poder observar que Amélie sigue a la cabeza de ellas.
Y beber de tu vaso inclinado, y robarte en pleno sueño los cojines estampados, y que te enfades, y que te estampe uno en la cara, y que te hagas el dolido, y que te cure con curitasana dándote un millar de besitos de niña arrepentida.
Me vuelvo a tirar alfileres con un tirachinas, ya ves.
lunes, febrero 28, 2005
Le parapluie
jueves, febrero 17, 2005
miércoles, febrero 16, 2005
El hombre de rojo
Érase una vez el hombre de rojo.
Dicen que tenía la menstruación permanente, el periodo crónico, la regla eterna.
Se sentaba en un sofá rojo mientras me decía que, al final, teníamos muchas cosas en común. “Sí, todas, pero la más importante no”.
Se ponía rojo, pero era mentira, sólo era el reflejo del sofá, o quizás es que yo había encontrado el color complementario del negro*, y era el rojo, y él era mi complementario, el que me absorbía.
Dicen que yo era verde, aunque me veía negra, como en pleno agosto. Puede que si me ponía un filtro verde, seguiría potenciando el rojo, mi rojo, mi hombre de rojo, aquel que ser perdió un día, aquel que casi pilla un tren de mercancías.
___________________________________________________________________
* En fotografía, filtro de contraste blanco y negro: absorben su color y potencian el complementario.
Dicen que tenía la menstruación permanente, el periodo crónico, la regla eterna.
Se sentaba en un sofá rojo mientras me decía que, al final, teníamos muchas cosas en común. “Sí, todas, pero la más importante no”.
Se ponía rojo, pero era mentira, sólo era el reflejo del sofá, o quizás es que yo había encontrado el color complementario del negro*, y era el rojo, y él era mi complementario, el que me absorbía.
Dicen que yo era verde, aunque me veía negra, como en pleno agosto. Puede que si me ponía un filtro verde, seguiría potenciando el rojo, mi rojo, mi hombre de rojo, aquel que ser perdió un día, aquel que casi pilla un tren de mercancías.
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* En fotografía, filtro de contraste blanco y negro: absorben su color y potencian el complementario.
martes, febrero 15, 2005
Blanco y negro, bueno o malo (oscurantismo)
Dicen que lo veo todo negro, que necesito un novio, ¡Qué mal me ven! ─Hostia, no sabía que estaba tan mal─
Preocupación, reflexión: será por mis ojos, que son negros, como el pelo y los pensamientos que cubren. Quizás es el reflejo, como aquel que se pone rojo y se excusa por el jersey. Solución: ponerme en las gafas un filtro de contraste blanco/negro, mis apuntes dicen que absorben y reducen su color y potencian el complementario. ¿Cuál es el color complementario del negro? A ver si hay suerte y es el blanco.
Preocupación, reflexión: será por mis ojos, que son negros, como el pelo y los pensamientos que cubren. Quizás es el reflejo, como aquel que se pone rojo y se excusa por el jersey. Solución: ponerme en las gafas un filtro de contraste blanco/negro, mis apuntes dicen que absorben y reducen su color y potencian el complementario. ¿Cuál es el color complementario del negro? A ver si hay suerte y es el blanco.
lunes, febrero 14, 2005
Gastrovalentitis aguda (me estoy quitando)
Llegado a este día, (igual que a tantos otros) y tras ocasiones de amor frustradas, se llega a la siguiente conclusión: San Valentin, y el amor en sí, es como una gastroenteritis para los no correspondidos, vomitas un poco de asco, te cagas en todo y se te pasa.
A la única que le he felicitado el día es a mi amiga Valentina "¡Qué suerte!" le he dicho esta mañana, aún no sé muy bien por qué.
¡Ah! se me olvidaba, ayer llegué a otra conclusión, grande donde las haya: esto de que no te quieran es una birria.
A la única que le he felicitado el día es a mi amiga Valentina "¡Qué suerte!" le he dicho esta mañana, aún no sé muy bien por qué.
¡Ah! se me olvidaba, ayer llegué a otra conclusión, grande donde las haya: esto de que no te quieran es una birria.
domingo, febrero 06, 2005
En construcción
"soñó que se construía una ciudad de ojos saltones en la copa de un árbol prefabricado. Soñó que el tiempo era verde, que la corteza d los árboles giraban y que en el suelo también crecían ojos saltones carnívoros que le mordían los pies y le colgaban un cartel en el cuello: en construcción"
sábado, enero 22, 2005
Ya no...
Ni tarta de ciruelas, ni viajes en avioneta,
ya no me como las frambuesas de diez en diez ni te cuento las pecas.
Ya no compro corazones esponjosos y mucho menos te los regalo, ya no me tiro de ningun rascacielos en paracaídas cóncavos.
Ni esquío hacia arriba, hacia el sol de media noche.
Ya no miro a mi portería imaginando que me estás esperando: ahora quiero que saltes desde mi ventana, y no por mi ventana, y que te estrelles contra la acera tras recorrer cuatro pisos con hélices de papel pegadas a tus pies.
Pero cada día me tiro alfileres con un tirachinas.
ya no me como las frambuesas de diez en diez ni te cuento las pecas.
Ya no compro corazones esponjosos y mucho menos te los regalo, ya no me tiro de ningun rascacielos en paracaídas cóncavos.
Ni esquío hacia arriba, hacia el sol de media noche.
Ya no miro a mi portería imaginando que me estás esperando: ahora quiero que saltes desde mi ventana, y no por mi ventana, y que te estrelles contra la acera tras recorrer cuatro pisos con hélices de papel pegadas a tus pies.
Pero cada día me tiro alfileres con un tirachinas.
sábado, enero 08, 2005
Estoy, soy, parezco triste
Estoy, soy, parezco triste
Las palabras de Minerva se deslizaban por el papel…
Inicio, libreta, nuevo, universidad, dos días, sólo dos días, horas, madrugar, no, no, no, madrugar, metro, tren, metro, ferrocarriles, sueño, qué sueño, cuanto sueño, vacaciones, quiero seguir de vacaciones, rápido, qué rápido, tres meses, Marcelo, café de a tres, sueño, Ismael, Alex, Jorge, no funciona, sola…
Estar sola, ésa es la cuestión, los que están a tu lado, un día, de repente, te das media vuelta, te giras, y ya no están. Porque se han muerto [Lo sentimos, tenía metástasis] porque se han ido quizás para volver en otra ocasión, [Minerva, lo siento, estamos tan lejos] porque no quieren, [Minerva, tenemos diferencias insalvables] porque te dejan, porque un día te quieren, te das media vuelta, te vuelves a girar y ya no están, porque te quieren, precisamente por eso no están, [Minerva, mejor que no esté] qué cosas, por eso están allí y no aquí, allá y no acá, porque dicen que te quieren, qué cosas.
Paseo, sola, si pudiera diría: cuanto sola, pero algún filólogo se enfadaría, digo: qué sola, esa es la cuestión, el eje, sola, lo demás, complementos, sola, paso, otro paso, más pasos, qué guapo el churrero, sale con esa de la tienda de hierbas, qué pena, yo no vendo hierbas, pero podría.
Triste, estoy triste, “Yo estoy triste”, Ismael, Alex, Jorge, salid a la pizarra a analizar la frase, venga, esforzaos un poco. No, Ismael, “triste” no es un Complemento Directo este año lo llevas mal. No, Alex, te has pasado, “triste” no es un Complemento Predicativo, “él está triste”, “ella está triste”, “Minerva está triste”, ¿no ves que no varía? Siempre igual, está triste. A ver, Jorge, ¿Tú qué opinas? No…que no varíe no significa que sea un Complemento Circunstancial de Modo (no es circunstancial, es crónico, pobre “yo”, pobre “Minerva”. Minerva, sal a la pizarra y diles qué es. Es un atributo, es mi atributo, ¿no lo veis? Yo estoy triste, estoy, soy, parezco, soy copulativa y estoy triste y no copulando. [Quizás así Minerva ya no estaría tan triste]
Setiembre 2004
Las palabras de Minerva se deslizaban por el papel…
Inicio, libreta, nuevo, universidad, dos días, sólo dos días, horas, madrugar, no, no, no, madrugar, metro, tren, metro, ferrocarriles, sueño, qué sueño, cuanto sueño, vacaciones, quiero seguir de vacaciones, rápido, qué rápido, tres meses, Marcelo, café de a tres, sueño, Ismael, Alex, Jorge, no funciona, sola…
Estar sola, ésa es la cuestión, los que están a tu lado, un día, de repente, te das media vuelta, te giras, y ya no están. Porque se han muerto [Lo sentimos, tenía metástasis] porque se han ido quizás para volver en otra ocasión, [Minerva, lo siento, estamos tan lejos] porque no quieren, [Minerva, tenemos diferencias insalvables] porque te dejan, porque un día te quieren, te das media vuelta, te vuelves a girar y ya no están, porque te quieren, precisamente por eso no están, [Minerva, mejor que no esté] qué cosas, por eso están allí y no aquí, allá y no acá, porque dicen que te quieren, qué cosas.
Paseo, sola, si pudiera diría: cuanto sola, pero algún filólogo se enfadaría, digo: qué sola, esa es la cuestión, el eje, sola, lo demás, complementos, sola, paso, otro paso, más pasos, qué guapo el churrero, sale con esa de la tienda de hierbas, qué pena, yo no vendo hierbas, pero podría.
Triste, estoy triste, “Yo estoy triste”, Ismael, Alex, Jorge, salid a la pizarra a analizar la frase, venga, esforzaos un poco. No, Ismael, “triste” no es un Complemento Directo este año lo llevas mal. No, Alex, te has pasado, “triste” no es un Complemento Predicativo, “él está triste”, “ella está triste”, “Minerva está triste”, ¿no ves que no varía? Siempre igual, está triste. A ver, Jorge, ¿Tú qué opinas? No…que no varíe no significa que sea un Complemento Circunstancial de Modo (no es circunstancial, es crónico, pobre “yo”, pobre “Minerva”. Minerva, sal a la pizarra y diles qué es. Es un atributo, es mi atributo, ¿no lo veis? Yo estoy triste, estoy, soy, parezco, soy copulativa y estoy triste y no copulando. [Quizás así Minerva ya no estaría tan triste]
Setiembre 2004
lunes, diciembre 27, 2004
Desde un avión que volaba de Barcelona a Londres...y el regreso
¡¡Increible!! Encontré la libreta donde escribí mis impresiones del viaje a Londres (del 10 al 15 de marzo de 2004) en un bolso que hacía muchísimo tiempo que no abría. Leí algo interesantillo, no demasiado, esto:
Avión de British Airways de Barcelona a Londres:
" Y no entiendo como un mar en un cielo cabe. Dos mundos paralelos que en la altitud se confunden, nubes de espuma que chocan contra el lejano iceberg blando.
Te hundes en el aire, caminos de algodón, senderos sin suelo
Caer
Caer
Caer
en el algodón, en la espuma, en el cielo, en el mar.
Horizonte desconocido, distinto, difuso, indeterminado.
Un agujero me deja entrever las profundidades marinas (en realidad terrestres) y entre emedio... entre medio he descubierto la nada (un vacío). "
Miércoles 10 marzo: avión + paseo por Oxford Street
Jueves 11 marzo (atentado en Madrid. London bomb alert) : St.Paul Catedral + Tower Bridge + Tower of London + Coven Garden + museo de cera (madame Toussaud).
Viernes 12 marzo (London bomb alert): Cambio guardia en Bukinham palace + Royal Park + Big Ben + Westminster abbey + National Gallery + salsa!
Sábado 13 marzo : Portobello + nothing hill + Hyde Park + Harrods + Soho
Domingo 14 marzo: Camden + Tate Gallery + salsa!
Lunes 15 marzo: British museum + avión
Avión British airways de Londres a Barcelona:
“Monumentos, calles, casas, bloques de pisos, hasta rascacielos que la altitud modera: pasan a ser sólo un punto más de luz y se confunden los unos con los otros.
Cruces de vías con pequeñas luces…
-cinturones-“
Avión de British Airways de Barcelona a Londres:
" Y no entiendo como un mar en un cielo cabe. Dos mundos paralelos que en la altitud se confunden, nubes de espuma que chocan contra el lejano iceberg blando.
Te hundes en el aire, caminos de algodón, senderos sin suelo
Caer
Caer
Caer
en el algodón, en la espuma, en el cielo, en el mar.
Horizonte desconocido, distinto, difuso, indeterminado.
Un agujero me deja entrever las profundidades marinas (en realidad terrestres) y entre emedio... entre medio he descubierto la nada (un vacío). "
Miércoles 10 marzo: avión + paseo por Oxford Street
Jueves 11 marzo (atentado en Madrid. London bomb alert) : St.Paul Catedral + Tower Bridge + Tower of London + Coven Garden + museo de cera (madame Toussaud).
Viernes 12 marzo (London bomb alert): Cambio guardia en Bukinham palace + Royal Park + Big Ben + Westminster abbey + National Gallery + salsa!
Sábado 13 marzo : Portobello + nothing hill + Hyde Park + Harrods + Soho
Domingo 14 marzo: Camden + Tate Gallery + salsa!
Lunes 15 marzo: British museum + avión
Avión British airways de Londres a Barcelona:
“Monumentos, calles, casas, bloques de pisos, hasta rascacielos que la altitud modera: pasan a ser sólo un punto más de luz y se confunden los unos con los otros.
Cruces de vías con pequeñas luces…
-cinturones-“
sábado, diciembre 11, 2004
sueños (siesta 11- XII-04)
Abro un nuevo apartado, narraré mis sueños (una selección de ellos, algunos son innarrables...), de hecho, voy anotándolos desde hace un tiempo en una libreta. Cuestan mucho de explicar, como todos los sueños, intentaré darles coherencia y forma....
Siesta: 11 de diciembre 2004
Venía del Prat, ¡tan triste! (ahora reflexiono y no entiendo por qué casi siempre el regreso desde el Prat a mi casa, es triste, por algo bueno (el deseo de quedarme), por algo malo (un vacío, algo que no ha funcionado, un acto en vano). Me costaba mucho llegar hasta la estación de tren, iba corriendo mientras medio lloraba, miraba los horarios y no reconocía ningún recorrido, ninguna destinación.
─Perdone, ¿Cuál es el tren que va dirección Sant Andreu?
Nadie me respondía, ese tren no existía, (de hecho, no existe, ningún tren va directo desde el Prat hasta Sant Andreu, Sant Andreu Arenal, claro, a Comtal sí) qué angustia, no sabía dónde subirme para regresar a mi casa.
Me salía de la estación de tren, me perseguían unos drogadictos, era un puente, me recordaba a Can Tunis. Volvía a las vías apresurada, dos trenes se acercaban y veía al lado de las vías a dos niños pequeños, que apenas podían andar. Rápidamente fui hacia uno de ellos y le cogí en brazos, corrí para cruzar las vías y se lo daba a su padre que estaba a un lado, le decía:
─¿Pero usted qué? ¿Viene el tren y no coge a su hijo? (o hija, no recuerdo el sexo, pero era precioso, al cogerlo me acordé de mi futuro sobrino, a él también le salvare de las vías siempre que pueda). Me quitaba al niñ@ de las manos… lo metía en un coche antiguo, verde rancio.
De repente veía los ferrocarriles catalanes (sí, señores, he llevado los ferrocarriles catalanes hasta el Prat, lo que no hace la Generalitat, o la Tmb o no sé, lo hacen mis sueños). Entraba, era una nueva línea, le preguntaba a una señora:
─Este ferrocarril, (era un metro, al modo del tub de Londres) ¿va hasta Urquinaona? (no sé por qué preguntaba Urquinaona, quizás porque es roja y amarilla)
─No, este va hasta Sarrià.
Bueno, pensé en meterme y ya llegaría a alguna parada de metro de la línea roja.
Al entrar, una chica joven contaba una triste historia, estaba medio llorando, y los demás ocupantes del metro se pusieron a su alrededor a escucharla.
─No me lo puedo creer, me ha dejado… con lo que éramos… las veces que habíamos hecho el amor, y ahora nada…
Yo miraba incrédula la situación, ella ahí contando lo triste que estaba y los demás atónitos… decidí pasar de largo, con lágrimas en los ojos miré atrás y todos ellos seguían escuchándola… me detuve a mirar el mapa, increíble, no reconocía ninguna línea, ninguna parada. Me detuve a mirar los nombres que le habían puesto a las paradas: universo, arco iris, tenue, luz… Por los altavoces, las iban anunciando un hombre y una mujer, y por cada una d ellas, hacían un comentario.
─ Esta me encanta, es un nombre muy acertado, tenue, da una buena sensación…─decía la mujer.
─ Sí, estoy de acuerdo, aunque luz también es muy bella...
Me apoyaba en una puerta, mirando el cartel con el nombre de la parada, tenía que bajarme en Luz, era correspondencia con línea azul, Maragall, y a su vez, ésta conectaba con la roja.
Me desperté con los músculos agarrotados, ya sin luz en la habitación, seguía triste, venía del Prat, era de esperar.
Siesta: 11 de diciembre 2004
Venía del Prat, ¡tan triste! (ahora reflexiono y no entiendo por qué casi siempre el regreso desde el Prat a mi casa, es triste, por algo bueno (el deseo de quedarme), por algo malo (un vacío, algo que no ha funcionado, un acto en vano). Me costaba mucho llegar hasta la estación de tren, iba corriendo mientras medio lloraba, miraba los horarios y no reconocía ningún recorrido, ninguna destinación.
─Perdone, ¿Cuál es el tren que va dirección Sant Andreu?
Nadie me respondía, ese tren no existía, (de hecho, no existe, ningún tren va directo desde el Prat hasta Sant Andreu, Sant Andreu Arenal, claro, a Comtal sí) qué angustia, no sabía dónde subirme para regresar a mi casa.
Me salía de la estación de tren, me perseguían unos drogadictos, era un puente, me recordaba a Can Tunis. Volvía a las vías apresurada, dos trenes se acercaban y veía al lado de las vías a dos niños pequeños, que apenas podían andar. Rápidamente fui hacia uno de ellos y le cogí en brazos, corrí para cruzar las vías y se lo daba a su padre que estaba a un lado, le decía:
─¿Pero usted qué? ¿Viene el tren y no coge a su hijo? (o hija, no recuerdo el sexo, pero era precioso, al cogerlo me acordé de mi futuro sobrino, a él también le salvare de las vías siempre que pueda). Me quitaba al niñ@ de las manos… lo metía en un coche antiguo, verde rancio.
De repente veía los ferrocarriles catalanes (sí, señores, he llevado los ferrocarriles catalanes hasta el Prat, lo que no hace la Generalitat, o la Tmb o no sé, lo hacen mis sueños). Entraba, era una nueva línea, le preguntaba a una señora:
─Este ferrocarril, (era un metro, al modo del tub de Londres) ¿va hasta Urquinaona? (no sé por qué preguntaba Urquinaona, quizás porque es roja y amarilla)
─No, este va hasta Sarrià.
Bueno, pensé en meterme y ya llegaría a alguna parada de metro de la línea roja.
Al entrar, una chica joven contaba una triste historia, estaba medio llorando, y los demás ocupantes del metro se pusieron a su alrededor a escucharla.
─No me lo puedo creer, me ha dejado… con lo que éramos… las veces que habíamos hecho el amor, y ahora nada…
Yo miraba incrédula la situación, ella ahí contando lo triste que estaba y los demás atónitos… decidí pasar de largo, con lágrimas en los ojos miré atrás y todos ellos seguían escuchándola… me detuve a mirar el mapa, increíble, no reconocía ninguna línea, ninguna parada. Me detuve a mirar los nombres que le habían puesto a las paradas: universo, arco iris, tenue, luz… Por los altavoces, las iban anunciando un hombre y una mujer, y por cada una d ellas, hacían un comentario.
─ Esta me encanta, es un nombre muy acertado, tenue, da una buena sensación…─decía la mujer.
─ Sí, estoy de acuerdo, aunque luz también es muy bella...
Me apoyaba en una puerta, mirando el cartel con el nombre de la parada, tenía que bajarme en Luz, era correspondencia con línea azul, Maragall, y a su vez, ésta conectaba con la roja.
Me desperté con los músculos agarrotados, ya sin luz en la habitación, seguía triste, venía del Prat, era de esperar.
miércoles, diciembre 08, 2004
un periódico viejo, de ayer
Un papel de periódico viejo, de ayer.
Aire
Se posa en un charco, el papel nada, el papel se moja, el papel se impregna, el papel se hunde, el charco lo moja, el charco lo impregna, el charco lo hunde.
Lo absorbe.
Un chico se acerca por detrás
─Cierra los ojos
─Estoy mirando ese papel, ¿lo ves? se moja, se hunde, pobre viejo papel de periódico de ayer.
─Cierra los ojos
─Si cierro los ojos no lo veo, y estoy escribiendo en mi mente una historia del papel viejo de periódico que se moja en un sucio charco de una sucia calle, ¿me dejas que siga?
─Cristal, hay vaho, no se ve…
─No es vaho, es mierda, mugre, vaya
─Cierra los ojos…
─Igualmente no se ve casi nada, el cristal está lleno de mierda, ¿no lo ves? Mierda, mugre, si quieres sigo diciendo sinónimos de mierda hasta que amanezca.
El chico se aleja
Ya en el metro: a ver, decidme, sinónimos de mierda:
Mugre
Porquería
Suciedad
Zurullo o furullo (según la variedad dialectal)
Antihigiénico (no es un nombre, puede que sea un adjetivo de mierda)
Mojón
Aire
Se posa en un charco, el papel nada, el papel se moja, el papel se impregna, el papel se hunde, el charco lo moja, el charco lo impregna, el charco lo hunde.
Lo absorbe.
Un chico se acerca por detrás
─Cierra los ojos
─Estoy mirando ese papel, ¿lo ves? se moja, se hunde, pobre viejo papel de periódico de ayer.
─Cierra los ojos
─Si cierro los ojos no lo veo, y estoy escribiendo en mi mente una historia del papel viejo de periódico que se moja en un sucio charco de una sucia calle, ¿me dejas que siga?
─Cristal, hay vaho, no se ve…
─No es vaho, es mierda, mugre, vaya
─Cierra los ojos…
─Igualmente no se ve casi nada, el cristal está lleno de mierda, ¿no lo ves? Mierda, mugre, si quieres sigo diciendo sinónimos de mierda hasta que amanezca.
El chico se aleja
Ya en el metro: a ver, decidme, sinónimos de mierda:
Mugre
Porquería
Suciedad
Zurullo o furullo (según la variedad dialectal)
Antihigiénico (no es un nombre, puede que sea un adjetivo de mierda)
Mojón
martes, diciembre 07, 2004
Muebles Navarro
-Oye, me quiero ir
-¿A dónde?
- No sé, a la calle, a la vida, estoy crisis. Quiero que el frío me abofetee la cara hasta que mis mejillas queden sonrosadas, y venga un niño con las mejillas igual, amparado en la hoja ya marrón de un plátano que cae, a besármelas, para que se tornen más rojas aún a su paso.
- Bonita sensación.
Y nos fuimos.
La temperatura inadecuada de un mes de diciembre y el calor de un café de una vieja tienda de muebles impidieron que el viento que presuponía frío chocara conmigo.
Quería calle, vida, éxtasis, frío, no le hice un feo al calor.
Viví un poco.
La alegría de Amelie y la sensación de Oto y de Ana a mi lado hicieron que me olvidara de cenar. Fui a la cocina y vi a mandarina más naranja que nunca, no dejó que la desvistiera con los dedos, tuve que sacar el cuchillo
-¿A dónde?
- No sé, a la calle, a la vida, estoy crisis. Quiero que el frío me abofetee la cara hasta que mis mejillas queden sonrosadas, y venga un niño con las mejillas igual, amparado en la hoja ya marrón de un plátano que cae, a besármelas, para que se tornen más rojas aún a su paso.
- Bonita sensación.
Y nos fuimos.
La temperatura inadecuada de un mes de diciembre y el calor de un café de una vieja tienda de muebles impidieron que el viento que presuponía frío chocara conmigo.
Quería calle, vida, éxtasis, frío, no le hice un feo al calor.
Viví un poco.
La alegría de Amelie y la sensación de Oto y de Ana a mi lado hicieron que me olvidara de cenar. Fui a la cocina y vi a mandarina más naranja que nunca, no dejó que la desvistiera con los dedos, tuve que sacar el cuchillo
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